La primera vez que vine a Rosario me envió El Gráfico, en 1984. Recuerdo que vine un fin de semana completo. El sábado, jugaban Argentino de Rosario –la revelación del torneo– y Racing, por la vieja Primera B, en la cancha de Central. El domingo, se definía una fase del antiguo Nacional con un Newell’s – Boca que resolvía, entre otras cosas, la continuidad del entrenador xeneize, Miguel Angel López. Acompañé nada menos que a Julio César Pasquato, conocido como Juvenal, en homenaje a un jugador brasileño de la década del 40/50.

Argentino derrotó a Racing 4-3, en un partido increíble, inolvidable. Newell’s le ganó a Boca 1-0, con un gol de Víctor Rogelio Ramos. Se ve que eran otros tiempos, porque fuimos en avión. De regreso, Juvenal empezó a los gritos porque no encontraba fotos “de derrota” de Boca. Me dijo de todo a mí, porque “no había producido al fotógrafo”. En aquel momento, deseé fervientemente que la tierra me tragara. Hoy lo recuerdo como una gran enseñanza, como una lección de periodismo dada por quien, a la hora de la charla y de las anécdotas, los más jóvenes lo exprimíamos como a un limón. Quiso la vida que viajara con él rumbo a Francia en 1998, para cubrir el Mundial. Ese fue el último Mundial de Juvenal. Ya en Francia su salud le jugó malas pasadas, pero no aflojó jamás. Murió hacia finales de ese 1998.

Anoche, mientras volvía con mi hijo Patricio de la cancha de Central –la misma en la que ví a aquél increíble equipo de Argentino de Rosario 27 años atrás– le contaba esto del 84. También recordé una vez que vine para Tiempo Argentino, el primer diario Tiempo Argentino, que dirigía Raúl Burzaco. Fue la segunda. Después vine muchas veces más. Tengo un cariño muy especial por Rosario. Es el lugar al que me gustaría pertenecer si no perteneciera al lugar que pertenezco. Tiene todo lo que quiero.

Cada vez que me toca un partido acá, trato de venir con mis hijos. Los traje en 2008, cuando presentamos un libro sobre Roberto Fontanarrosa en el bar El Cairo. Tal vez porque somos neutrales, todo ese folklore Newell’s – Central/Central – Newell’s nos divierte y, cuando no es ofensivo sino ingenioso, nos emociona. Acá se respira fútbol. No estoy diciendo nada nuevo. Lo comprobé una tarde que me encontré a Aldo Pedro Poy en un bar de la Costanera. Lo saludé, charlamos unos minutos y, cuando me iba a sentar, uno me tomó de un brazo y me preguntó: “¿No te da vergüenza saludar a un Canalla?”. Yo, neutral, pensé “¡era Poy!, un poco de respeto”. Pero son así. Por ahí, si fuera de acá e hincha de alguno de los dos, la pasaría mal o diría las mismas cosas.

Pero soy espectador de lujo. Mi profesión me permite venir a trabajar, a vivir el fútbol y a disfrutar. Por eso, cada vez que estoy bajo el cielo de Rosario, respiro mejor. Vivo mejor.

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