Atlanta tenía un jugador que se llamaba Pecoraro. Era 1971. Yo tenía 10 años. Siempre leía Crónica para leer sobre fútbol. “Laino, Pecoraro…” empezaba la formación de Atlanta. “¿Dónde queda la cancha de Atlanta?” le preguntaba a Chichín, hombre que fue mi abuelo en la práctica. “En Villa Crespo”. “¿Es lejos?”. “Y, sí. Hay que tomar dos colectivos y un subte”. Creo que me decía eso para no llevarme. Pecoraro… Cuando apareció Susú Pecoraro, jamás me animé a decir que me recordaba “a un 4 de Atlanta de los años 70”. Se me hubiesen reído en la cara. Fue así como suena.

Pecoraro ejecutaba los penales en Atlanta. Tiró uno una tarde soleada en el Monumental. Le metió el gol a Hugo Carballo, un arquero que River le compró a Gimnasia y que el destino llevaría a Atlanta un par de años más tarde. Atlanta perdió 5 a 3 ante un River con algunas figuras jóvenes como César Laraigneé y algunos futbolistas que habían llegado como estrellas y la cosa se le hacía cuesta arriba, como a Héctor Pignani. Era el River de Didí, el que intentaba el “Jogo Bonito”, del que muchos pibes hablan hoy y desconocen el origen. Cuando Didí llegó a River traído por un joven presidente de la Comisión de Fútbol Profesional llamado Alfredo Dávicce, dijo “conmigo River hará un jogo bonito”. Lo logró en parte. Puso en Primera al Beto Alonso, afirmó al Negro López, le dio titularidad al Puma Morete, le dio confianza a Mostaza Merlo, le dio primera a Barisio, al Japonés Pérez. A todos estos futbolistas les fue bien. A Didí en River no. Lo echaron después de una derrota 0-4 con Rosario Central en la cancha de Colón.

Pero el tema era Atlanta. Pecoraro dejó su lugar a Osvaldo Cortés, el Baby. El Baby hacía los saques laterales como un animal. Eran centros. Hasta que los rivales se dieron cuenta, Atlanta hizo algunos goles de cabeza o generó situaciones de gol por esas bombas que Cortés metía en el área. Baby jugaba de 4, pero cuando el lateral era en la izquierda, se cruzaba toda la cancha para hacerlo. Hacía todos. El lateral izquierdo era Héctor López, el Gorrión. Ya estamos en 1973. El Gorrión López, sabrán ustedes, se cansó de ganar títulos con River y fue uno de los protagonistas del ascenso de San Lorenzo en 1982. Pero empezó en Atlanta en el 73. Pipo Rossi lo puso en Primera. “Cerqueiro, Alejandro Onnis, Cano, Gómez Voglino y Candau”, recitaba aún los cinco de arriba. Santiago Rico, Pecoraro todavía estaba, Osvaldo Edmundo Gutiérrez (después fue campeón con el Boca de Lorenzo)… Atlanta llegó a las finales del Nacional 73 con River, Central y San Lorenzo. Fue la mejor campaña de su historia.

Atlanta está más cerca de su verdadero lugar. Estos recuerdos –podría contar no menos de diez más, como la final que le ganó a mi querido Docke en 1995– sólo son una excusa para recordar a ese equipo querible de Timoteo Griguol, de Luis Artime, de Hugo Gatti, de Pichino Carone, de Seba Wainraich, de Néstor Straimel, de Fernando Szereszevsky, de Eduardo Castiglione, de Osvaldo Miranda… El Bohemio está remontando la cuesta. Empieza hoy.

Veremos hasta dónde puede llegar. Su historia lo empuja. Ojalá que esté a la altura.

 

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