Hay tres jugadores de River que, hasta antes del partido con Quilmes, no habían debutado y poseen apellidos cuanto menos conocidos como para reclamar un lugar en un equipo que los fue a buscar: César González (el Maestrico), Luciano Vella (el Tano) y Cristian Ledesma (el Lobo). Este último, ayer hizo su aparición en Quilmes y todo parece indicar que, del trío mencionado, será el primero que se quede con el puesto. Vella jugó en el partido preliminar contra el Cervecero. La lesión de Abecassis podría ubicarlo entre los once, si es que Matías Almeyda opta por un lateral con proyección en vez de, como ocurrió en el 1-1 con Quilmes, colocar a un central por un costado, tal el caso de Alexis Ferrero. Seguramente, Almeyda tendrá que utilizar su semana de trabajo para mitigar el potencial enojo de Ferrero, si es que elige –como creo debería– al ex jugador de Newell’s e Independiente. El Maestrico (de gira con la Selección de Venezuela) deberá esperar.

El partido contra Chacarita fue, hasta ahora, el único de características particulares. Era el debut, era un compromiso ante lo desconocido, llovía y Juan Manuel Díaz logró el gol a los 6 minutos. O sea, River logró el gol pronto y eso le permitió jugar con cierta tranquilidad. También tuvo otra ventaja que parece menor, pero no lo es. Como era la primera fecha, no había antecedentes de partidos en el torneo ni tampoco se sabía cómo podría jugar un equipo dirigido por Almeyda. Héctor Rivoira, el DT de Chacarita, sólo podía manejarse por el pasado de varios de los hombres millonarios, pero no tuvo la chance de analizar a River como expresión colectiva.

En cambio, ya en el segundo partido, el DT de Independiente Rivadavia (que ya no lo es) Enrique Hrabina, contó con elementos como para armar una estrategia y diseñar una táctica que pudiera controlar los movimientos colectivos de River. Lo consiguió durante un lapso de 19 minutos. Los mendocinos se pusieron 1-0 y pegaron un tiro en el palo. Pero bastó que Ocampos pusiera el 1-1 para que el mundo feliz de Independiente Rivadavia se derrumbara. Después, River ganó 3-1. Tampoco fue sencillo: en el momento en el que Sánchez hizo el tercero, Ferradas acababa de perderse el empate.

Desamparados y Quilmes le prepararon el mismo dispositivo. Apretarlo en las bandas, quitarle espacio de maniobra al Chori Domínguez estrechando líneas entre defensa y mediocampo y que el doble cinco se ocupara de Carlos Sánchez, según fuera por la derecha o la izquierda. Desamparados y Quilmes no tienen lo mismo, por eso el dispositivo de los sanjuaninos no pudo con Ocampos y lo perdió a Sánchez en la jugada del primer gol. Por eso, Quilmes le generó tres situaciones claras a Chichizola y fue el primer equipo que no perdió con River en el torneo.

El punto es que, aunque Quilmes empató sobre la hora, el resultado tuvo mucho que ver con el trámite. Y el trámite no lo favoreció nunca al cuadro de la Banda Roja. Con Desamparados tuvo la fortuna de encontrar un gol en un mal momento y con Quilmes también. El tema vino después. Desamparados –al igual que los mendocinos siete días antes– se cayó anímicamente después del gol de River y dio posibilidades y espacios para hacer otro. Quilmes no. Quilmes fue mejor que River todo el primer tiempo y absorbió mejor que sus antecesores la circunstancia del gol de Cavenaghi, en la única llegada millonaria en ese lapso. Y en el segundo tiempo, salvo por dos estupendas jugadas del Chori Domínguez mal terminadas, el cuadro de Almeyda no pudo poner a ningún jugador frente a Trípodi con chances claras de liquidar el partido. El segundo tiempo de Quilmes no fue como el primero, pero siempre estuvo amenazante. El gol sobre la hora fue un premio a lo hecho en los 89 minutos anteriores.

Repetir la misma formación de un partido al otro tiene un dato positivo: el DT piensa que se entenderán bien y que formarán una fuerza conjunta, sólida, que tendrá movimientos aceitados. Pero también da información precisa a los técnicos rivales. Bonetto (DT de Desamparados) y Caruso Lombardi (DT de Quilmes), con quienes hablé en las previas de sus partidos con River, me dijeron casi lo mismo, ante la pregunta de “¿Qué van a hacer ante River?”. Quilmes tiene más que Desamparados y esto se vio en el campo del Estadio Centenario.  No sólo tiene más en valores individuales, sino también colectivos. Trípodi, Garnier, Caneo, Corbalán y Cauteruccio –casi la mitad del cuadro– se quedaron después de hacer un aceptable Clausura 2011. El resto, está conformado por gente de experiencia en la división. Fue un rival durísimo para River, lo exigió al máximo. Desamparados, en cambio, presentó ocho jugadores que no habían estado en el club en la temporada anterior.

River mostró deficiencias, sobre todo, a la hora de tener la pelota. Justamente, eso de repetir el equipo le complicó la vida a Almeyda. Era un partido para Ledesma. Quilmes dejó libre a Nico Domingo y le permitió recibir de espaldas. En cuanto quiso darse vuelta, fue devorado por la presión de los volantes quilmeños y, obligado, dio mal casi todos los pases. El Lobo, más experimentado y con una mejor capacidad de distribución, no la hubiese pasado tan mal como Nico, más preparado para el esfuerzo.

Esta semana, el Pelado Almeyda tendrá que tomar decisiones importantes en cuanto a la formación del equipo que afrontará el compromiso con Defensa y Justicia. Vella o Ferrero por Abecassis (si es que finalmente no puede recuperarse), Ledesma o Nico Domingo. Son decisiones que cualquier entrenador debe ir tomando, en cuanto el camino vaya presentándole obstáculos. Pero, en el caso de River, toman mayor trascendencia porque esta vez no ganó.

Y sin la victoria, los defectos –parece mentira– se ven más claros.

 

GOLES DE QUILMES 1 – RIVER 1

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=O3kjUibxSi4

 

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