Archivos para el mes de: febrero, 2012

Leonardo Ponzio, clave en este momento de River.

River está infectado de política. Aún lo está hoy, cuando el equipo está en la B Nacional. Uno puede ver cómo hay buitres en el estadio, en los partidos de visitante, en las redes sociales, intentando sacar ventajas hasta de lo mínimo. Cualquier cosa sirve. Desde un contrato que aún no se firmó hasta un partido que se empató. Lo que sea es bueno para llevar agua para el molino propio, aunque ese molino propio vaya contra los intereses generales del club.

Leonardo Daniel Ponzio fue víctima involuntaria de esto.  Algunos que suponen que saben de fútbol, subestimaron la capacidad de Ponzio y, sobre todo, cuestionaron la idoneidad de Almeyda para elegir un jugador. Todavía está en etapa de aprendizaje, pero quienes vemos a River todas las semanas, notamos una evolución en Matías Almeyda. Se equivoca mucho menos que antes. Toma mejores decisiones. Las ratas que andan por los pasillos de River seguramente harán una lectura política de este elogio al técnico. No saben qué apasionante es el fútbol, no saben lo que sus ambiciones injustificadas les hacen perder.

Ponzio llegó por primera vez a River en 2007, cuando Daniel Passarella era el técnico. El club hizo un esfuerzo importante para traerlo. Presentaba entonces una foja de 90 partidos jugados en Newell’s (1999 – 2003) y 114 en el Zaragoza (2003 – 2006). La política interna también allí le faltó el respeto. Pero la trayectoria de Ponzio perfectamente podía merecer  un paso por River. Leo estuvo en River hasta el fin del Apertura 2008. Ese año calendario –el 2008– fue el amanecer de la debacle millonaria que terminó con el descenso un tiempo después.  En 2008, Ponzio fue Campeón y último. En enero de 2009, Zaragoza estaba jugando en la Segunda División. Al igual que River ahora, Zaragoza lo necesitaba para regresar a la categoría superior. Allí, aman a Ponzio y Ponzio los ama a ellos.

Leo cumplió con creces en su regreso al equipo maño. Se afirmó como titular en ese final de temporada 2009 y hasta convirtió uno de los goles al Córdoba que le dieron el ascenso a Primera. Después de 96 partidos en el cuadro aragonés entre 2009 y 2012, Ponzio decidió volver a la Argentina. El móvil fue el mismo que con Zaragoza, aunque ahora, además de tranquilidad, resignó mucho dinero.

Aquí llega otro análisis. Almeyda encaró la primera mitad del torneo de la B  Nacional 2011/12 con el cupo de volantes centrales cubierto. Aguirre, Domingo, el Lobo Ledesma y Cirigliano integraban  esa nómina inicial. Los dos primeros fueron los elegidos para los primeros partidos. Después se afirmó Cirigliano, Aguirre empezó a alternar cuando Almeyda decidió hacer 4-3-1-2 (Sánchez – Cirigliano – Ocampos, Domínguez, Funes Mori – Cavenaghi), Ledesma jugó poco, nada y mal y Nico Domingo no sólo no pudo hacer buenos partidos, sino que la gente lo crucificó y no le perdonó una.

Con el ingreso de Cirigliano como titular, la camiseta “5” pareció encontrar el dueño. Tal vez se note poco porque River tuvo enormes jugadores a través de su historia, pero entre esos futbolistas memorables, posee una tradición de estupendos volantes centrales surgidos de sus inferiores. Cirigliano responde, por estilo y personalidad, a esa tradición.

Está claro que Almeyda prefiere el 4-4-2 y está bien que así sea. Es el esquema que mejores resultados le dio a River. En un momento, cuando se dio cuenta de que Chori Domínguez no es “enlace”, “armador”, “organizador” ni nada por el estilo, retomó ese esquema y Aguirre pasó a ser el socio de Cirigliano. Pero Aguirre se desordena, va para adelante aún cuando no debe y, según dicen desde las entrañas del cuerpo técnico, “da demasiados pases al rival”. Esta opinión sobre Aguirre, el desequilibrio que le provocaban esas excursiones del ex Godoy Cruz y la facilidad con la que le ganan las espaldas hizo que la respuesta fuera afirmativa cuando al DT se le dijo “Ponzio está dispuesto a venir. ¿Lo querés?”

Abecassis levanta a Ponzio, autor del primer gol de River.

Ponzio debutó contra Almirante Brown, bastante incómodo por la obligación de tirarse bien a la derecha por las ausencias de Carlos Sánchez y Abecasis (jugó Vella, más defensor, en vez de Abecasis, con tranco para hacer la banda). Así y todo, se las ingenió para cortar un ataque del cuadro de Giunta, jugar rápido para el Chori y de allí a Cavenaghi y el gol.

Contra Independiente Rivadavia y  Desamparados fue el mejor. En el partido con los mendocinos, condujo a River hacia una victoria contundente porque se hizo cargo emocional, táctica y estratégicamente del equipo cuando Sánchez se hizo echar a los 10 minutos. Y en San Juan, abrió el camino con un gol que tuvo mucha impericia en el arquero Giordano, pero que se produjo también porque Ponzio marcó el camino, empujó hacia el campó rival y, de algún modo, generó el error.

Hizo más que eso: le dio más seguridad a Cirigliano, tiene una lectura del juego le permite ocupar posiciones defensivas sin obstruir la labor de los zagueros, es apoyo del inevitable enganche hacia el medio del volante izquierdo diestro Ocampos, puede ser el destinatario del pivoteo de Cavenaghi,  el descanso para Sánchez o la pared para el Chori.

Lo bueno es que Ponzio llegó en plenitud, en competencia y tras 96 partidos jugados en Zaragoza entre 2009 y el final de 2011. Y mejor para River es que Almeyda vio claro lo que necesitaba, aún más claro que los periodistas que pensábamos que, quizá, le faltara un zaguero central o un volante zurdo más que un “cinco”.

Almeyda sabe mucho de “cincos”. Parece haber encontrado en Leonardo Ponzio a su mejor intérprete.

El gol le explota en la cara a David Trezeguet

Las biografías en internet dicen que Jorge Ernesto Trezeguet nació en 1951 y que “se inició en Chacarita en 1971”. Falta una parte, que es la que puede explicar esta felicidad de David Sergio Trezeguet después de hacerle un gol a un arquero improvisado de Independiente Rivadavia, en un partido ya definido.

La parte que falta en la biografía de papá Jorge es la que dice que hizo todas las inferiores en River. Mientras Jorge Trezeguet –marcador central recio, nada que ver con el pibe– hacía los escalones necesarios y soñaba con un Monumental lleno como el de ayer, River perdía títulos sobre el final, una y otra vez. Eran los nefastos dieciocho años (de 1957 a 1975) en los que el cuadro de la Banda Roja se caía al final o, directamente, ni salía en la foto de la pelea por la vuelta olímpica.

Esa malaria se llevó puestos a muchos pibes con condiciones estupendas. Decenas de chicos con capacidad para jugar en la Primera de River debieron hacer un imaginario equipaje, meter allí sus sueños e intentar edificarlos en otra parte. Jorge Trezeguet fue uno de ellos. Los demás clubes conocían a la perfección la excelente reputación de las inferiores de River, así que muchos clubes chicos de Primera y otros del ascenso fueron tras ellos. Jorge cayó en Chacarita e hizo una carrera diferente a la que tenía proyectada.

En los albores de los 70’s, Estudiantes de Buenos Aires fue un refugio de muchos chicos desechados por River. Va de memoria: un arquero de apellido Esperante, Roa (un volante que llegó a debutar en la Primera de River), un wing izquierdo llamado Anllo,  y Alberto Pafundi, otro volante central que años después fue juez de línea internacional y falleció muy joven. Además, en 1974, el arquero de Estudiantes de Caseros fue nada menos que Luis Landaburu, quien fuera el eterno suplente de Fillol al regreso de este préstamo. A esos pibes se les sumó Jorge Trezeguet en 1973. Eran buenos de verdad. De hecho, con ellos, Estudiantes llegó a la final por el ascenso en el 74 y la perdió por un gol ante el Unión de Santa Fe de Leopoldo Luque.

Trezeguet padre en Estudiantes. Es el segundo de arriba, de izq.a der.

En ese mismo año 74, Jorge Trezeguet estuvo involucrado en el primer caso de doping del fútbol de ascenso, junto con su compañero Vicente Cóppola y Roberto Escalada, de Almirante Brown. Fueron sancionados con un año de parate, pero por irregularidades en el procedimiento, los tres futbolistas fueron amnistiados y retomaron sus carreras inmediatamente.

Sin embargo, eran tiempos complejos. Jorge Trezeguet había quedado marcado y las cosas aquí se le pusieron cuesta arriba. Los futbolistas no tenían las protecciones legales de las que disfrutan hoy. Jorge la vio venir y tramitó rápidamente su doble nacionalidad. Su origen francés colaboró decisivamente en el destino suyo y de su descendencia.

Como se vinieron tiempos difíciles, Jorge Trezeguet se casó con Beatriz en 1975 y se fue a Rouen, bella capital de la Alta Normandía. Durante el 76, se pudo sostener con ahorros, esperando el fin del trámite de nacionalización y así poder jugar profesionalmete. Esto llegó sobre fines del 76. En la temporada  77/78, jugó en el Rouen. En octubre del 77, nació David.

Jorge pensó en criar al pequeño David en la Argentina y se volvió. Jugó en Chacarita otra vez, Almagro, Español, Italiano y terminó en El Porvenir, a mediados de los 80.  Si bien ya era preparador físico recibido y estaba en el cuerpo técnico del Gato Daniele, Jorge Trezeguet jamás abandonó la idea de volver a Francia.

Jorge Trezeguet en Rouen, 1978. Es el segundo de arriba, de der a izq

David ya estaba en las inferiores de Platense y en el club de Goyeneche llegó a la Primera en 1994, en un partido que, parece mentira, estuvo seriamente vinculado con el doping. El juez Marquevich ordenó un control sorpresivo a todos los jugadores de Platense y Gimnasia. Por suerte para David, el resultado fue diferente al de su padre.

El resto, se conoce casi de memoria. Jorge llevó a David al Mónaco en 1995, David formó una exitosísima dupla atacante con Thierry Henry  en el cuadro del Principado y eso lo llevó, primero a la Selección y después a la Juventus.

David Sergio Trezeguet lo tuvo todo. Fue Campeón y Subcampeón del Mundo, de la Eurocopa, batió el récord goleador de Sívori en la Juventus, jugó con Henry, Zidane, Del Piero, Ibrahimovic.

Pero siempre quiso jugar en River y nunca había podido. Quería seguir la huella de su padre y era un tema pendiente que, sobre todo en este último año y medio no tan bueno de su carrera, veía de difícil concreción.

Sin embargo, David Trezeguet tiene una estrella que lo acompaña. Llegó a River, debutó con un gol a Racing y ahora se presentó con su primer gol oficial, su primer gol con valor absoluto en el arduo trabajo que significa devolver a River a Primera. Sabe de qué se trata remar en un grande en una categoría inferior. David estuvo con Juventus en la Serie B en la temporada 2006/2007. Se quedó a pelearla, a pesar de que estaba en el cénit y le sobraban ofertas millonarias para jugar en donde quisiera.

Esta historia explica esa sonrisa increíble de ayer, después del tercer gol al improvisado arquero Independiente Rivadavia. El goleador está entrando en sintonía. Trezeguet es un jugador de una categoría enorme, que vino a darle el gusto a su corazón y a su papá.

Vino a seguir la huella del viejo. Vino en busca de la felicidad. Ayer la encontró.

Se le notó en la cara…

Insúa está a punto de convertir el primer gol de Vélez. Cómodo 4-0 a Banfield.

El 14 de noviembre de 2009, estaba en la misma cabina del estadio Florencio Sola. Para decirlo en criollo, en la cancha de Banfield, en Peña y Arenales. Estaba en la cabina de la platea nueva, esa que la dirigencia de Carlos Portell construyó sin ascensor para quienes van hasta lo más alto y, lo más grave, sin baños. Pero, a comparación de las cabinas de las torres que están detrás del arco que da a Peña, estas de hoy son fantásticas.

Decía que en el Apertura 2009 estaba en la misma cabina que anoche. Jugaban Banfield y Vélez, como ayer. El Taladro llenó la cancha. La cercanía del primer título profesional trajo a miles y miles de devotos de la camiseta verde y blanca a ver a un cuadro “Marca Falcioni”. Ordenado, prolijo, confiable y muchas veces con buen trato de pelota.

Acá tengo la formación de Banfield de esa noche… Lucchetti, Barraza, el Gallego Méndez, Víctor López, Bustamante, Quinteros, Bustos, Erviti, James Rodríguez, Cristian García, Silva.

A Vélez ya lo dirigía Gareca: Montoya, Gastón Díaz, Seba Domínguez, Otamendi, Papa, Cubero, Razzotti, Zapata, Moralez, Cristaldo y Caruso.

Hace dos años y monedas de este partido. García reemplazó a Papelito Fernández. Banfield estaba tan sólido, era tan “un Vélez en miniatura” que aplastó al cuadro de Liniers y le ganó 3-0, con dos goles de García y uno de James.

Era un gran paso hacia el primer título profesional de Banfield, aquel que no había podido conseguir en 1951 ni siquiera contando con la simpatía de la mismísima Eva Perón. Esta vez, la gloria estaba al alcance de la mano…

Anoche, me instalé en la misma cabina, después de subir los mismos escalones y de aguantarme las ganas de ir al baño hasta llegar a casa, bien pasadas las doce de la noche. Llegaba con todo el libreto estudiado, sabiendo lo que tiene que saber un periodista cuando va a una cancha a ver un partido. No podía dejar de pensar en aquel 3-0 de Banfield a Vélez en 2009 –sólo dos años y monedas hacia atrás– y en lo que Banfield se había convertido. En twitter, alguien comparó a Carlos Portell (presidente de Banfield desde 1998) con Eduardo López, ex presidente de facto de Newell’s. La verdad es que tienen conductas parecidas, pero con una diferencia sustancial “en favor” del titular de Banfield: ganó elecciones. La última, es cierto, de manera escandalosa y con una definición en la Justicia. Pero expuso su cargo a un acto eleccionario, cosa que López hizo después de mucho tiempo y casi a la fuerza.

Esto no limpia a Portell de nada. El hermano de Portell era el presidente de la firma Nanque, empresa quebrada que se instaló en el Uruguay y siguió trabajando como si nada. Esta empresa “familiar” vistió a Banfield durante muchos años. Además, las ventas de muchos jugadores –Bilos, Cervera, Barbosa, por citar sólo tres casos– fueron poco claras y los números hicieron malabares para acomodarse en los balances. Las odiosas idas de Erviti y, más recientemente, de Víctor López podrían completar el desolador panorama.

Banfield, anoche, frente a Vélez, formó con Lucchetti, Dos Santos, Alayes, Bustamante, Tagliafico, Jonathan Gómez, Brum, Julián Guillermo, Eluchans, Chávez y Ferreyra. Del partido del 2009, ayer jugaron Lucchetti y Bustamante (lateral puesto de central). Dos Santos (central puesto de lateral) estuvo en el banco. Quinteros, titular en 2009, fue suplente. El Gallego Méndez fue el DT de las primeras cuatro derrotas de este ciclo nefasto en la vida de Banfield.

La cuestión fue que ayer Banfield perdió 0-4 con Vélez. Perdió claramente, sin que el resultado exagerara en lo más mínimo lo que pasó en la cancha. banfield empezó entusiasmado, apretó a Vélez contra Barovero mientras Vélez se desperezaba y en cuanto el cuadro del Flaco Gareca se despabiló, lo aplastó.

El descenso por promedios no es mi sistema favorito, pero es el que hay y tiene un costado positivo: permite analizar trayectorias. Por ejemplo, Banfield tendrá serios problemas para mantener la categoría si no levanta y, así visto, no tiene material para levantar. Y Banfield está donde está porque está mal dirigido, está conducido desde la prepotencia, los contactos políticos y acomodos en la AFA y no desde la capacidad y el conocimiento.

Los socios no son ajenos a esto. Conozco socios de Banfield que votaron a Portell “porque tiene llegada al Cabezón (Duhalde)” o “porque es el tesorero de la AFA y nos va a sacar si tenemos problemas”. Nada de eso. Portell se convirtió en una máquina de recaudar y, si bien presenta las obras en el estadio, la realidad marca que hoy Banfield no tiene plata ni un equipo competitivo. Hago una lista: Barbosa, Bologna, Civelli, Paletta, Armenteros, Dátolo, Cvitanich, Bilos, Palacio, Barrales… Escribí los que me acuerdo. No quiero trampear a la memoria y “googlear” porque ya con esta nómina es suficiente.

La gente se hartó de todo. De las 16 derrotas en los últimos 21 partidos, de Lucchetti –que no fue el único responsable de la derrota ante Vélez–  de Portell, de la barra brava y, sobre todo, de la repugnante relación de Portell con la barra.

Repugnante relación que, digámoslo claramente, es la imagen más elocuente del dramático derrumbe de Banfield.

 

 


Lucas Ocampos, diamante millonario...

“¡Qué desastre Chacarita!”, me dijo un compañero cuando ya estábamos bien arriba del remise con aire acondicionado y yendo fluidamente por la calle 520 hacia la Autopista Buenos Aires – La Plata. River había ganado 2-0, con una dificultad mayor a la que indica ese resultado y a la comodidad con la que jugó el segundo tiempo.

Chacarita no fue un “desastre”. Fue un duro rival para River, sobre todo hasta el gol en contra. Lo presionó en la mitad, intentó agredirlo por el lateral que habitualmente defiende Juan Manuel Díaz, hizo un enorme trabajo de marca sobre Cirigliano –a quien el DT De la Riva consideraba el inicio del fútbol de River– y esto hizo que todo fuera difícil para el cuadro de Almeyda.

Hay una parte –una parte grande– en donde River es “artífice de su propio destino”. Esa parte tiene altos y bajos pronunciados. Y acá hay un punto de conflicto: River no es regular, no conoce el “6-7 puntos”. River es 10 ó 4. Es la bomba al ángulo de Ocampos o la aparición sin marcas de Pena y la salvada providencial de Vega con el partido 0-0. Es el pase claro, de cabeza levantada de Cirigliano o es la pifia de Maidana en una pelota fácil. A River le falta el famoso “piso de rendimiento”, esa media que puede bancar la mala tarde de un par de individualidades.

Por ejemplo, ayer Cavenaghi y Domínguez jugaron un mal partido, pese a que tuvieron algunas apariciones con riesgo para el arco de Tauber. Tanto el 9 como el 10 eligieron mal cada vez que tuvieron que hacerlo. O dieron el pase al lugar equivocado o resolvieron solos cuando se imponía la habilitación para un compañero mejor ubicado que, por lo general, era Ocampos. No hubo pases de Domínguez o Cavenaghi a Ocampos,  claramente el mejor de River. Pensar en una acción deliberada me parece mucho. Prefiero creer que ni Cavenaghi ni el Chori tienen la capacidad organizativa de juego que algunos creen que tienen. Son delanteros. De distintas características, pero delanteros. Y los delanteros buscan el área y el arco. Difícilmente abandonen esa idea para abrir el espectro y buscar al compañero mejor ubicado. Hay recuerdos de pases – gol de Chori a Cavenaghi en algunos partidos, pero son excepcionales. La regla no los trae a la memoria como algo habitual. Si ayer, en el segundo tiempo, en lugar de tratar de entrar por el medio o de jugar la pelota entre ellos dos como en el papi, Domínguez y Cavenaghi hubiesen explotado a Ocampos –favorecido por el nulo oficio de Pena como lateral y la falta de retroceso de Rossi por el carril derecho– River hubiese deleitado a la multitud que lo acompañó con un resultado de números extraordinarios.

Esto que fue evidente más la discusión/pelea de Cavenaghi y Domínguez debería llamar la atención de  Matías Almeyda y su cuerpo técnico. Es cierto que la pelea de Chori y Cave se dio en el contexto de un partido y que, tal vez, no pase de ahí, pero habla de un estado de nervios que, al menos en el partido contra Chacarita, no estaba justificado. Entonces, habría que pensar que dentro del plantel y entre dos tipos que son líderes, las cosas no están como debieran. Es una prueba de fuego para la capacidad de mando de Almeyda. Lo que pasó es grave. Quienes jugamos al fútbol sabemos que dentro de una cancha, aún jugando por nada, estas cosas suceden, uno se calienta y discute cualquier cosa con cualquiera.

Pero una cosa somos nosotros, en un picado, panzones y grandes y otra cosa es la Primera de River. Es otro precio. Nadie les pide que no se calienten. Pero esas cosas, en el fútbol profesional, tienen lecturas, orígenes, repercusiones y coletazos. Esta semana, intentarán bajarle el tono, dirán que ya está, que son cosas que quedan dentro de la cancha, que River está “por encima de los hombres y los nombres”… Pero es un llamado de atención fuerte y claro para Almeyda.

El Pelado debería prestar atención a esto y a Lucas Ocampos, un pibe que juega maravillosamente, que tiene gambeta, remate, determinación, llegada, fuerza y al que los líderes le pasan la pelota mucho menos de lo que River necesita…

 

Gerardo Martino, alma y corazón rojinegros.

Lo primero que el Tata Martino cambió en Newell’s fue la expectativa. Su sola presencia generó un movimiento popular inédito, al menos en el último año y medio de visitas leprosas a la Capital Federal y Gran Buenos Aires.

Hay que recordar que Newell’s no gana un partido oficial desde agosto del año pasado, cuando convirtió un 0-2 en 3-2 en Córdoba contra Belgrano, todavía con Javier Torrente como DT. Y también hay que tener en cuenta el promedio de Newell’s: tiene 128 puntos reales. La posición de San Lorenzo (hoy en puesto de promoción) le queda peligrosamente cerca. Si bien no corre un peligro inminente, el sentido común indica que si en el Clausura repite la campaña del Apertura 2011 (ganó sólo el partido con Belgrano, perdió 5 y empató 13) las cosas desmejorarán abruptamente en un futuro muy cercano.

Hablar sobre los valores afectivos del Tata Martino para con Newell’s sería ocioso. Todo el mundo los conoce y ya se han mencionado hasta el hartazgo. Acaso dos puntos salientes de la vida de Martino definan mejor que nada la decisión de tomar este equipo, aún en las condiciones que lo tomó:

1. En 2003, año del centenario de Newell’s, Martino fue elegido el jugador más importante de la historia del club.

2. Martino es el futbolista que más veces se puso la camiseta rojinegra en la historia: 505.

Martino se fue a hacer su carrera de entrenador a Paraguay después de un fugaz paso por Colón y regresó como un DT consagrado, capaz de maximizar los recursos de un plantel formado por juveniles de pocos partidos en Primera, mayores con ganas de irse (Bernardi estuvo a punto de retirarse) e ignotos jugadores de países limítrofes.

Aceptó a Newell’s, después de haber rechazado a Independiente, Racing y la Selección Colombia. Se sentó con sus ayudantes y tomó la lista. “Hay poca plata”, le dijeron. “Traigan a Víctor López y a un lateral”, contestó el Tata. Llegó Víctor López, tras una salida conflictiva de Banfield y el lateral que llegó es Juan Guillermo Domínguez, sin lugar en Estudiantes.

Con eso y lo que había, Martino tiene que armar un equipo para estar a la altura de lo que exige Newell’s, que es, ni más ni menos, estar entre los cinco primeros del torneo. ¿Podrá? Su capacidad no está en discusión, más allá de que pueda o no levantar a un plantel que viene rodando por la pendiente de manera peligrosa.

Debutó en La Plata contra Estudiantes. Mantuvo a Sebastián Peratta en el arco. Peratta fue el único jugador que estuvo en los 19 partidos del torneo anterior. Si en un puesto Newell’s no tiene problemas, es en el arco. Después, armó dos líneas de cuatro, bien apretadas y bien “anchas”, para impedir que Estudiantes lo lastimara por las bandas. Incluso con jugadores jóvenes o que no son justamente especialistas. Vergini y Vangioni cubrieron los costados, Pellerano y el debutante Víctor López el medio. Apenas adelante, se pararon Pablo Pérez, Mateo, Bernardi y Víctor Figueroa. Sperdutti y Urruti fueron los puntas.

Nada del otro mundo. Ni los apellidos leídos en la nómina ni lo que hicieron dentro de la cancha. Pero algo fue sustancialmente mejor: la disposición táctica, la concentración para hacer lo que estaba planificado. Se descuidó en el último cuarto de hora del primer tiempo. Fue allí cuando Mercado le ganó tres o cuatro veces la espalda a Vangioni y Figueroa apareció fundido. Nadie siguió al ex Racing y Newell´s se vio complicado. Tan complicado que cedió dos corners y, en el segundo de ellos, López le hizo penal a Desábato.

Acá empiezan las diferencias con el ciclo anterior. Con un cachetazo como el gol de Estudiantes, todos supusimos que el mayor peso individual del cuadro de Azconzábal iba a influir. Pero en el segundo tiempo todo cambió. Martino reclamó la concentración de aquella media hora inicial y dispuso a los volantes centrales de otra manera: Mateo quedó para la recuperación y Bernardi se adelantó para que Estudiantes no saliera cómodo o, directamente, no saliera.

Esta modificación de los “cincos” fue clave. Bernardi debe haber sido el jugador de Newell’s que más tuvo la pelota en el segundo tiempo y Mateo se quedó con el 90 por ciento de los intentos de ataque y contraataque de Estudiantes. En una de esas recuperaciones de pelota de Mateo, llegó el empate de Urruti.

Y a partir de allí, Newell’s pasó otra prueba. Lejos de meterse atrás a aguantar los embates de tipos pesados como Boselli, la Gata, Braña, Mariano González y todo lo que hoy Estudiantes puede poner en una cancha, peleó la posesión de la pelota, resistió la posición en el medio y terminó el partido absolutamente instalado en las cercanías de Andújar. Incluso, con un mayor compromiso de Leandro Torres o mejor puntería en un par de pases profundos, pudo haber ganado el partido.

Reitero que lo de Newell’s no fue nada del otro mundo, pero fue diferente a lo que hacía. Tuvo mayor jerarquía, tuvo presencia real en campo rival. Estudiantes  no le creó ninguna situación de gol en el segundo tiempo, Newell’s atacó todo el lapso de partido en el que estuvieron 1-1. Fue ordenado, concentrado y algunas actuaciones individuales estuvieron por encima de la media.

Es el primer partido y así hay que tomarlo. Pero si la revolución no la hace Martino, no la hace nadie. El Tata nació por y para Newell’s. Ayer, hoy y siempre.