Gerardo Martino, alma y corazón rojinegros.

Lo primero que el Tata Martino cambió en Newell’s fue la expectativa. Su sola presencia generó un movimiento popular inédito, al menos en el último año y medio de visitas leprosas a la Capital Federal y Gran Buenos Aires.

Hay que recordar que Newell’s no gana un partido oficial desde agosto del año pasado, cuando convirtió un 0-2 en 3-2 en Córdoba contra Belgrano, todavía con Javier Torrente como DT. Y también hay que tener en cuenta el promedio de Newell’s: tiene 128 puntos reales. La posición de San Lorenzo (hoy en puesto de promoción) le queda peligrosamente cerca. Si bien no corre un peligro inminente, el sentido común indica que si en el Clausura repite la campaña del Apertura 2011 (ganó sólo el partido con Belgrano, perdió 5 y empató 13) las cosas desmejorarán abruptamente en un futuro muy cercano.

Hablar sobre los valores afectivos del Tata Martino para con Newell’s sería ocioso. Todo el mundo los conoce y ya se han mencionado hasta el hartazgo. Acaso dos puntos salientes de la vida de Martino definan mejor que nada la decisión de tomar este equipo, aún en las condiciones que lo tomó:

1. En 2003, año del centenario de Newell’s, Martino fue elegido el jugador más importante de la historia del club.

2. Martino es el futbolista que más veces se puso la camiseta rojinegra en la historia: 505.

Martino se fue a hacer su carrera de entrenador a Paraguay después de un fugaz paso por Colón y regresó como un DT consagrado, capaz de maximizar los recursos de un plantel formado por juveniles de pocos partidos en Primera, mayores con ganas de irse (Bernardi estuvo a punto de retirarse) e ignotos jugadores de países limítrofes.

Aceptó a Newell’s, después de haber rechazado a Independiente, Racing y la Selección Colombia. Se sentó con sus ayudantes y tomó la lista. “Hay poca plata”, le dijeron. “Traigan a Víctor López y a un lateral”, contestó el Tata. Llegó Víctor López, tras una salida conflictiva de Banfield y el lateral que llegó es Juan Guillermo Domínguez, sin lugar en Estudiantes.

Con eso y lo que había, Martino tiene que armar un equipo para estar a la altura de lo que exige Newell’s, que es, ni más ni menos, estar entre los cinco primeros del torneo. ¿Podrá? Su capacidad no está en discusión, más allá de que pueda o no levantar a un plantel que viene rodando por la pendiente de manera peligrosa.

Debutó en La Plata contra Estudiantes. Mantuvo a Sebastián Peratta en el arco. Peratta fue el único jugador que estuvo en los 19 partidos del torneo anterior. Si en un puesto Newell’s no tiene problemas, es en el arco. Después, armó dos líneas de cuatro, bien apretadas y bien “anchas”, para impedir que Estudiantes lo lastimara por las bandas. Incluso con jugadores jóvenes o que no son justamente especialistas. Vergini y Vangioni cubrieron los costados, Pellerano y el debutante Víctor López el medio. Apenas adelante, se pararon Pablo Pérez, Mateo, Bernardi y Víctor Figueroa. Sperdutti y Urruti fueron los puntas.

Nada del otro mundo. Ni los apellidos leídos en la nómina ni lo que hicieron dentro de la cancha. Pero algo fue sustancialmente mejor: la disposición táctica, la concentración para hacer lo que estaba planificado. Se descuidó en el último cuarto de hora del primer tiempo. Fue allí cuando Mercado le ganó tres o cuatro veces la espalda a Vangioni y Figueroa apareció fundido. Nadie siguió al ex Racing y Newell´s se vio complicado. Tan complicado que cedió dos corners y, en el segundo de ellos, López le hizo penal a Desábato.

Acá empiezan las diferencias con el ciclo anterior. Con un cachetazo como el gol de Estudiantes, todos supusimos que el mayor peso individual del cuadro de Azconzábal iba a influir. Pero en el segundo tiempo todo cambió. Martino reclamó la concentración de aquella media hora inicial y dispuso a los volantes centrales de otra manera: Mateo quedó para la recuperación y Bernardi se adelantó para que Estudiantes no saliera cómodo o, directamente, no saliera.

Esta modificación de los “cincos” fue clave. Bernardi debe haber sido el jugador de Newell’s que más tuvo la pelota en el segundo tiempo y Mateo se quedó con el 90 por ciento de los intentos de ataque y contraataque de Estudiantes. En una de esas recuperaciones de pelota de Mateo, llegó el empate de Urruti.

Y a partir de allí, Newell’s pasó otra prueba. Lejos de meterse atrás a aguantar los embates de tipos pesados como Boselli, la Gata, Braña, Mariano González y todo lo que hoy Estudiantes puede poner en una cancha, peleó la posesión de la pelota, resistió la posición en el medio y terminó el partido absolutamente instalado en las cercanías de Andújar. Incluso, con un mayor compromiso de Leandro Torres o mejor puntería en un par de pases profundos, pudo haber ganado el partido.

Reitero que lo de Newell’s no fue nada del otro mundo, pero fue diferente a lo que hacía. Tuvo mayor jerarquía, tuvo presencia real en campo rival. Estudiantes  no le creó ninguna situación de gol en el segundo tiempo, Newell’s atacó todo el lapso de partido en el que estuvieron 1-1. Fue ordenado, concentrado y algunas actuaciones individuales estuvieron por encima de la media.

Es el primer partido y así hay que tomarlo. Pero si la revolución no la hace Martino, no la hace nadie. El Tata nació por y para Newell’s. Ayer, hoy y siempre.

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