Leonardo Ponzio, clave en este momento de River.

River está infectado de política. Aún lo está hoy, cuando el equipo está en la B Nacional. Uno puede ver cómo hay buitres en el estadio, en los partidos de visitante, en las redes sociales, intentando sacar ventajas hasta de lo mínimo. Cualquier cosa sirve. Desde un contrato que aún no se firmó hasta un partido que se empató. Lo que sea es bueno para llevar agua para el molino propio, aunque ese molino propio vaya contra los intereses generales del club.

Leonardo Daniel Ponzio fue víctima involuntaria de esto.  Algunos que suponen que saben de fútbol, subestimaron la capacidad de Ponzio y, sobre todo, cuestionaron la idoneidad de Almeyda para elegir un jugador. Todavía está en etapa de aprendizaje, pero quienes vemos a River todas las semanas, notamos una evolución en Matías Almeyda. Se equivoca mucho menos que antes. Toma mejores decisiones. Las ratas que andan por los pasillos de River seguramente harán una lectura política de este elogio al técnico. No saben qué apasionante es el fútbol, no saben lo que sus ambiciones injustificadas les hacen perder.

Ponzio llegó por primera vez a River en 2007, cuando Daniel Passarella era el técnico. El club hizo un esfuerzo importante para traerlo. Presentaba entonces una foja de 90 partidos jugados en Newell’s (1999 – 2003) y 114 en el Zaragoza (2003 – 2006). La política interna también allí le faltó el respeto. Pero la trayectoria de Ponzio perfectamente podía merecer  un paso por River. Leo estuvo en River hasta el fin del Apertura 2008. Ese año calendario –el 2008– fue el amanecer de la debacle millonaria que terminó con el descenso un tiempo después.  En 2008, Ponzio fue Campeón y último. En enero de 2009, Zaragoza estaba jugando en la Segunda División. Al igual que River ahora, Zaragoza lo necesitaba para regresar a la categoría superior. Allí, aman a Ponzio y Ponzio los ama a ellos.

Leo cumplió con creces en su regreso al equipo maño. Se afirmó como titular en ese final de temporada 2009 y hasta convirtió uno de los goles al Córdoba que le dieron el ascenso a Primera. Después de 96 partidos en el cuadro aragonés entre 2009 y 2012, Ponzio decidió volver a la Argentina. El móvil fue el mismo que con Zaragoza, aunque ahora, además de tranquilidad, resignó mucho dinero.

Aquí llega otro análisis. Almeyda encaró la primera mitad del torneo de la B  Nacional 2011/12 con el cupo de volantes centrales cubierto. Aguirre, Domingo, el Lobo Ledesma y Cirigliano integraban  esa nómina inicial. Los dos primeros fueron los elegidos para los primeros partidos. Después se afirmó Cirigliano, Aguirre empezó a alternar cuando Almeyda decidió hacer 4-3-1-2 (Sánchez – Cirigliano – Ocampos, Domínguez, Funes Mori – Cavenaghi), Ledesma jugó poco, nada y mal y Nico Domingo no sólo no pudo hacer buenos partidos, sino que la gente lo crucificó y no le perdonó una.

Con el ingreso de Cirigliano como titular, la camiseta “5” pareció encontrar el dueño. Tal vez se note poco porque River tuvo enormes jugadores a través de su historia, pero entre esos futbolistas memorables, posee una tradición de estupendos volantes centrales surgidos de sus inferiores. Cirigliano responde, por estilo y personalidad, a esa tradición.

Está claro que Almeyda prefiere el 4-4-2 y está bien que así sea. Es el esquema que mejores resultados le dio a River. En un momento, cuando se dio cuenta de que Chori Domínguez no es “enlace”, “armador”, “organizador” ni nada por el estilo, retomó ese esquema y Aguirre pasó a ser el socio de Cirigliano. Pero Aguirre se desordena, va para adelante aún cuando no debe y, según dicen desde las entrañas del cuerpo técnico, “da demasiados pases al rival”. Esta opinión sobre Aguirre, el desequilibrio que le provocaban esas excursiones del ex Godoy Cruz y la facilidad con la que le ganan las espaldas hizo que la respuesta fuera afirmativa cuando al DT se le dijo “Ponzio está dispuesto a venir. ¿Lo querés?”

Abecassis levanta a Ponzio, autor del primer gol de River.

Ponzio debutó contra Almirante Brown, bastante incómodo por la obligación de tirarse bien a la derecha por las ausencias de Carlos Sánchez y Abecasis (jugó Vella, más defensor, en vez de Abecasis, con tranco para hacer la banda). Así y todo, se las ingenió para cortar un ataque del cuadro de Giunta, jugar rápido para el Chori y de allí a Cavenaghi y el gol.

Contra Independiente Rivadavia y  Desamparados fue el mejor. En el partido con los mendocinos, condujo a River hacia una victoria contundente porque se hizo cargo emocional, táctica y estratégicamente del equipo cuando Sánchez se hizo echar a los 10 minutos. Y en San Juan, abrió el camino con un gol que tuvo mucha impericia en el arquero Giordano, pero que se produjo también porque Ponzio marcó el camino, empujó hacia el campó rival y, de algún modo, generó el error.

Hizo más que eso: le dio más seguridad a Cirigliano, tiene una lectura del juego le permite ocupar posiciones defensivas sin obstruir la labor de los zagueros, es apoyo del inevitable enganche hacia el medio del volante izquierdo diestro Ocampos, puede ser el destinatario del pivoteo de Cavenaghi,  el descanso para Sánchez o la pared para el Chori.

Lo bueno es que Ponzio llegó en plenitud, en competencia y tras 96 partidos jugados en Zaragoza entre 2009 y el final de 2011. Y mejor para River es que Almeyda vio claro lo que necesitaba, aún más claro que los periodistas que pensábamos que, quizá, le faltara un zaguero central o un volante zurdo más que un “cinco”.

Almeyda sabe mucho de “cincos”. Parece haber encontrado en Leonardo Ponzio a su mejor intérprete.

Anuncios