Una postal: rígida presión de Sebastián Martínez sobre el Chori Domínguez

Alejandro Damián Domínguez nació en Lanús en 1981, pero es de San Francisco Solano, algo así como el “Lejano oeste Quilmeño”.Jugó en las inferiores de Lanús, lo dejaron libre con edad de Séptima y alguien lo llevó a Quilmes. Lo metieron en un partido. “Este chorizo nos viene a afanar el lugar”, dijo uno cuando vio que nadie se la podía sacar. Y como tantos apodos en el fútbol, “Chori” le quedó para siempre porque quienes jugaban en esa práctica, no sabían su nombre. Se habían reído con lo de “chorizo” y de ahí, le quedó Chori para siempre. Para Quilmes, River, Rusia, España y River, Alejandro Damián Domínguez es y será “El Chori”.

El Chori era un pibe de pelo corto, mirada asustadiza y flaquito, al que la ropa de entrenamiento le quedaba holgada. De a poco, y gracias a que jugaba estupendamente, el Chori empezó a hacerse un lugar. Y con el lugar, llegaron los amigos. Sobre todo, llegaron dos grandes amigos: Adrián Giampietri (el Máquina) y Rodrigo Braña (el Chapu). Los tres –el Chori, el Chapu y el Máquina– fueron durante mucho tiempo la gran esperanza de los hinchas de Quilmes.

El Chori llegó a la Primera de Quilmes en 1998, justamente reemplazando al Máquina Giampietri en un partido contra Los Andes en Lomas. Fue protagonista esencial de fines de los 90 y principios de los 2000. Quilmes armó excelentes planteles –más que nada en 2001– y no pudo llegar al ascenso. Se quedó en la puerta en las recordadas seis finales perdidas. Chori era un pibe de grandes condiciones. Pero hay algunas cuestiones que la gente de Quilmes no le perdona y que hasta resumió en un video…

Eran tiempos difíciles para Quilmes. Se gastaba mucho, se habían entregado las inferiores al Exxel Group y, sin embargo, no se conseguía el ascenso. En este marco, al Chori se le ocurrió decir en Olé que prefería “ganar el Mundial con el Sub 20 que ascender con Quilmes”. Ahí nació el odio que nunca terminó.

La nota de Olé que los de Quilmes no le perdonan al Chori.

Esa expulsión frente a Belgrano que se ve en el video, más la nota de Olé más el grito de gol enfurecido contra un Quilmes devastado por el árbitro Furchi en 2003 hicieron que el amor por el Chori se transformara en odio visceral.

Cada vez que River y Quilmes se encuentran, los hinchas cerveceros le tiran todo ese odio y el Chori juega un partido contra Quilmes y contra todos ellos. No existen antecedentes de un rencor así. Tiendo a pensar que está directamente vinculado a que hubo un gran amor de los hinchas hacia el Chori y, por supuesto, del Chori hacia Quilmes y que el odio es proporcional a lo que fue aquel vínculo. Cuando Chori quedó libre de Lanús le produjo un gran dolor. Era apenas un chico y, para un chico esas decepciones calan hondo. Si uno le dijera “quedate tranquilo que vas a jugar finales de Copa, que le vas a ganar al Barcelona en el Nou Camp, que vas a jugar en River y Valencia”, no te creerían. Esas decepciones, a esa edad, son tremendas.

Quilmes, en su momento, le devolvió la vida. El fútbol era –imagino que aún es– la vida para el Chori Domínguez. Lanús se la había quitado. Es lógico que el Chori quiera a Quilmes. El problema fue posterior.

Pelo corto y cara de pibe. El Chori con la camiseta de Quilmes.

Obviamente, un jugador con las enormes condiciones del Chori hizo carrera en River y esa carrera lo llevó a Rusia, cuando ese mercado se abrió para tantos y tantos futbolistas. Se lo llevó el Rubin Kazan y allí estuvo dos temporadas, de 2006 a 2008. El Rubin Kazan lo cedió al Zenit de San Petersburgo y allí, en una sola temporada, obtuvo sus mayores logros: ganó la Copa UEFA (ahora Europa League) y la Supercopa de Europa. Regresó al Rubin Kazan y, de ahí se fue al Valencia.

Y del Valencia, a River, en el peor momento de River, a un River al que muchos no quisieron venir.

Después de haber pasado por todo esa gloria y esa experiencia, el Chori retomó su batalla silenciosa contra Quilmes y sus hinchas. Nunca el Chori se dirigió públicamente en malos términos a la gente de Quilmes, pero se nota cuando juega. Puede jugar de maravillas, como en el segundo tiempo del partido de ida en el campo cervecero. Y también puede jugar de manera egoísta como ayer, cuando el remate al arco fue obsesión y terminó provocando el fastidio de algunos compañeros que le ofrecían mejores opciones. Encima, en su mejor jugada, le hicieron un foul que era penal y Lunati no se lo cobró. Demasiado.

La pelea con Caruso Lombardi, en este contexto, es más de lo mismo. El Chori le respondió a un tipo que no le habló. Explica el estado de nervios en el que Chori juega frente a Quilmes. Los insultos y el odio le llegan y es lógico. Quilmes fue su primer amor, fue el cuadro que lo puso en consideración, el que lo llevó a una Selección, fue el club que le dio una chance cuando era sólo un humilde pibe de Solano al que Lanús le había cortado los sueños.

Si sólo una de esos remates al arco se hubiese clavado en el ángulo, estaríamos hablando de otra cosa. Pero no entraron. Ya sabemos que lo que pudo haber pasado no existe.

Lo que pasó, en cambio, es que este capítulo de la eterna historia Chori – Quilmes dejó tema para todo. Como es una historia de la que se sabe poco, es mejor recorrerla. En ese recorrido, podemos encontrar muchas explicaciones para todo lo que pasó ayer.

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