Réquiem para un fracaso. Ramón Díaz dirige a Independiente por última vez.

Es difícil precisar cuándo comenzó a derrumbarse Independiente, aquel gigante de las siete Libertadores, las dos Intercontinentales, las Interamericanas, el de las giras por el mundo… Algunos sitúan el principio del fin el 5 de mayo de 1991, cuando Bochini jugó por última vez. En cuanto escribo esto, se me viene una imagen. Estábamos haciendo Competencia, en el viejo estudio de Radio Continental. Había elecciones en Independiente. Era 1992, creo. Estaba invitado Héctor Sande (hijo del mítico Herminio), el candidato de Lista Roja. Entró abriendo violentamente la puerta y se le cayó el portafolio. Mis ojos sacaron la foto. Desaliñado, torpe, de discurso endeble… “¿Este va a ser el sucesor de Iso y Bottaro?”. Lo fue. Sande ganó las elecciones. Nito Veiga era el DT. Una tarde, apareció por la sede Settimio Aloisio, un representante de moda de entonces. Independiente compró a Cagna y Perico Pérez, que le interesaban a Nito y que eran representados por Aloisio. Con Cagna y Perico, llegaron Mohamed y Amato –descartados por Boca– y Adrián Mahía, un delantero retacón que había metido algunos goles en Belgrano de Córdoba y cuyo piné aún no le daba para jugar en el Independiente que todos conocíamos. Fue la primera señal de que se venía un tiempo peligroso: el tiempo en el que los empresarios comenzaban a formar equipos. Aloisio sacó chapa hablando cocoliche y representando a Batistuta. Sólo con eso, se fagocitó a los flamantes dirigentes de Independiente metiendo tres futbolistas que al DT no le interesaban (Mohamed, Amato y Mahía) a cambio de dos que sí (Cagna y Perico Pérez). Yo ubicaría el principio de la debacle acá, pese a algunos éxitos posteriores.

Parece mentira que Julio Comparada –protagonista fundamental de la más tremenda debacle del club desde su fundación– haya hecho lo mismo. Para renovar el préstamo de Facundo Parra, Leo Rodríguez (amigo de Comparada, representante de muchos futbolistas de Independiente) puso como condición que Independiente contratara a Gino Clara. Comparada aceptó. Y Gino Clara, sin condiciones siquiera para estar en la Reserva de Independiente, hasta llegó a jugar un partido con Boca.

Sexta Copa, la de 1975. Desde la izquierda, Bertoni, Galván, José Pérez, Percy Rojas, Pavoni, el Zurdo López. Entre Pavoni y López, se ve la cara del presidente, José Epelboim.

De todos modos, no hay que cometer el error de culpar a Gino Clara de todo. Gino Clara, como Marco Pérez o Iván Vélez son sólo botones de muestra de lo que es Independiente hoy. Jugadores sin historia y sin jerarquía que llegan al club sólo por tener representantes hábiles. Matías Defederico –después discutámoslo como futbolista, no ahora– llegó a Independiente y el acuerdo fue que le mantuvieran el salario que tenía en Corinthians. Un dirigente criterioso, sin necesidad desesperante de estar ganando votos a cada paso, hubiese rechazado de plano algo así. Sin embargo, Comparada no responde a esa descripción y lo trajo igual. Aunque Defederico jugara como Messi, Independiente no puede pagarle lo mismo que Corinthians. Después sí, hay una parte deportiva. Defederico venía de jugar 10 partidos en dos años. Se lo trajo en 2011 porque tenían el recuerdo de diez o doce buenas actuaciones en el segundo semestre de 2009. En Independiente, jugó mal y se desgarró tres veces en seis meses por la mezcla de larga inactividad, mala preparación física y falta de cuidado personal. A este jugador, en estas condiciones futbolísticas y económicas, Ramón Díaz recomendó renovarle el préstamo a fines de 2011. Hay errores compartidos entre el DT y la flamante dirigencia en este tema. El presidente Javier Cantero decidió acceder al pedido del técnico. Podría haberse negado. Independiente no puede pagarle a Defederico lo mismo que Corinthians. Sólo por esto. En el resto, doy el beneficio de la subjetividad.

Matías Defederico

Defederico no es el único que percibe un salario que el club no está en condiciones de pagar. En la misma situación están Núñez, Matheu y estaba Nico Cabrera, por ejemplo. Matheu no quiso irse a San Lorenzo, Banfield o Colón porque, supuestamente, debe recibir 2.000.000 de dólares en junio. El representante de Matheu es, por supuesto, Leo Rodríguez. Y arregló esto con Comparada cuando Matheu regresó de su frustrado paso por Europa. En su locura y su desesperación (el hincha no es inocente en esta historia), la gente lo pidió porque le hizo un gol a Arsenal para empatar 1-1 y llevarlo a la Sudamericana. El resultado fue nefasto: Matheu regresó, su nivel no fue nunca el que todos suponían, repartió de manera desigual el premio por la Sudamericana, se ganó el rencor de los futbolistas más jóvenes del plantel, se rompió la rodilla, jugó poco y cuando quisieron venderlo, él decidió quedarse.

La columna sería interminable. Anoche, al llegar a la cancha para comentar el partido contra Argentinos Juniors por Radio del Plata, pregunté si había Wi Fi. “No. La cortaron por falta de pago”. La mitad del estadio (la que está en obra permanente) quedó a oscuras porque se quemó un transformador. “Los fierros se rompen”, decía mi abuela. Pero que se queme un transformador un día de partido, con el mismo consumo de todos los partidos nocturnos, huele más a falta de mantenimiento que a “desgracia”.

Battión, Milito, Patricio Vidal. El 1-3 con Argentinos está consumado.

 

Ramón Díaz fue el décimooctavo entrenador elegido por la gestión Comparada. Tiene suerte el Pelado. La prensa le festeja los chistes y en ese festejo, siempre le recuerdan los títulos con River (el último ya tiene diez años) y lo que hizo en San Lorenzo en 2007 (ya pasaron cinco). Comparada, una vez más, contrató a un entrenador fuera de tiempo. Supuso dos cosas: que Ramón tendría espaldas y carácter para enderezar a un plantel que se devora técnicos como pirañas a la carne y que él ganaría las elecciones. Le falló el cálculo en todo.

No sólo a Comparada le falló el cálculo. Ramón Díaz hizo todo mal. Eligió mal al arquero, por ejemplo. Assmann terminó en buen nivel y lo sacó. Puso a Hilario Navarro, que es claramente el peor de los tres en cuestión y al que Comparada trajo sólo para “robarle” un jugador a Racing y ganarse la gracia del hincha. Si algo no falta en Independiente –gracias al silencioso trabajo del gran Santoro– son arqueros. Comparada trajo a un arquero. Y Ramón Díaz eligió a ese arquero, perjudicando a dos del club –Gabbarini y Assmann– que son superiores. Hilario tuvo su primavera en la Sudamericana 2010, aún con sus enormes defectos técnicos. El partido de anoche lo expuso de manera brutal.

Hilario Navarro y su angustia.

Ramón también eligió mal el sistema. Defederico y Patricio Rodríguez no pueden “hacer” la banda. No tienen recorrido ni recuperación. Puso a Godoy y relegó a Pellerano, que había sido uno de los más regulares en el torneo anterior. Apoyó toda la estructura en Milito y Gaby, dicho esto con todo respeto, hoy no está para jugar. Dejó fuera del banco de manera inexplicable a Patricio Rodríguez e incluyó (de manera aún más inexplicable) a Matheu, Defederico y Osmar Ferreyra. Hilando  más fino, el único refuerzo fue Farías, representado por el mismo agente que representa a Ramón Díaz. Es desprolijo, cuanto menos. Cantero sabía esto, me lo confesó en una charla telefónica que tuvimos en enero. Pero como la economía de Independiente está en un estado calamitoso, tuvo que tragar saliva y negociar, aún con la sospecha de que el tema no es todo lo transparente que debiera.

 

Javier Cantero, presidente de Independiente. Tiene la difícil misión de rescatar al club del pozo más profundo.

A diferencia del hincha, que se da cuenta que el club está mal sólo cuando el equipo pierde, el dirigente debe dar respuestas a todo. Independiente está en una situación terminal, con serio riesgo de perder la categoría en la próxima temporada si no se modifica rápidamente la situación. Y con serio riesgo, también, de perder el patrimonio que poseé por ser el gigante que levantaron aquellos gallegos con economía de almacenero. Cantero, por ahora, tiene tiempo y crédito político para modificar las cosas. La tarea no será fácil. Independiente no sólo lucha en la cancha contra sus propios fantasmas.

Afuera, las cosas tienden a empeorar si no llega ya un golpe de timón. Ahí es más grave la cuestión. Siempre es más grave el riesgo institucional que el deportivo. Es lo que el hincha no ve y no sabe, pero es lo que sostiene a cualquier club de la magnitud de Independiente.

 

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