Su furia contra los periodistas se interrumpe cuando lo contrata un medio por sumas millonarias.

Su furia contra los periodistas se interrumpe cuando lo contrata un medio por sumas millonarias.

La Sección Deportes de Clarín siempre fue reacia a reconocerle méritos a Carlos Bianchi. Vélez nunca jugaba “buen fútbol”, sino que ganaba todo –hasta la Copa Libertadores al San Pablo de Telé Santana y la Intercontinental al Milan de Capello– porque era “práctico”, “contundente”, “ordenado”, “utilitario”. Ese Vélez, el primero de la carrera como entrenador de Bianchi, jugó un partido descomunal contra el Junior de Barranquilla, le dio un formidable baile al San Pablo en Liniers en el partido de ida final y, sin embargo, “en el diario no hablaban de ti”, diría la canción. Se hacía base en que en el Morumbí Bianchi había puesto 5 defensores. Nunca en los méritos. Ni siquiera fue tapa de revista cuando derrotó al Milan en Tokio. Menotti en Independiente o Passarella en River y la Selección o Maradona en Boca eran prioridad. Ellos ocupaban las páginas principales de la sección Deportes del Gran Diario Argentino. Vélez ganaba, mientras tanto.

Vélez Campeón Intercontinental 1994. Arr: Trotta, Gómez, Sotomayor, Almandoz, Chilavert, Basualdo. Abajo: Bassedas, Asad, Flores, Pompei y Cardozo.

Este era el contexto cuando nació el Gran DT, el famoso jueguito que Clarín creó en 1995 . Como todo futbolero, hice un equipo para participar. Lo puse al Pepe Basualdo, volante de Vélez que la rompía todos los domingos. Pepe era el eje de un equipo excelente, un cuadro de esos que tiene virtudes el hincha rival no ve porque desde los medios no se las muestran. Casi como le pasa a Boca hoy. El fútbol también tiene rivalidades ideológicas. En algunos casos son divertidas. En otros, le costó el puesto a muchos periodistas que mostraron discrepancia con los jefes. Ahí ya no es tan divertido.

Resulta que cuando iba a contar los puntos del jueguito, noté que a Basualdo siempre le ponían “5” o, con toda la furia, “6”. Y que a jugadores como Gallardo o Matute Morales, por citar sólo dos casos, tenían un piso de “7” hicieran lo que hicieran. Ahí fue cuando decidí no jugar más al Gran DT y, por sobre todas las cosas, entendí a quiénes y a qué tendría que enfrentarse Bianchi.

Eran varios temas juntos. Los que estamos en este medio sabemos que una tapa de Vélez no es igual que una tapa de Boca o River. Ni siquiera es comparable a una que puedan ocupar Independiente, Racing o San Lorenzo, aunque en estos tres últimos casos la brecha se acortó. Pero también sabemos que cuando la gloria deportiva es el principal tema, no importa la camiseta. La gloria deportiva debe tener el reflejo necesario en el medio.

Esto se notaba brutalmente en ese tiempo. Ahora también sucede, aunque en menor medida. Esa pereza intelectual no sólo la sufrió Bianchi: Bielsa era acusado de defensivo (increíble) y de que sus equipos “jugaban rápido” (?). En fin…

Carlos Bianchi, cuando aún hablaba de fútbol como cualquier DT del mundo.

Carlos Bianchi, cuando aún hablaba de fútbol como cualquier DT del mundo.

Desde el equipo que lideraba Víctor Hugo, seguimos a Vélez por todas partes y digo con orgullo que valoramos como pocos la calidad futbolística de ese ciclo. Me tocó cubrirlo en todo Sudamérica, en aquella epopeya del 94.  Atesoro las charlas con Bianchi como recuerdos imborrables de las tantas cosas valiosas que me dejó esta profesión. Carlos es un tipo lúcido, con una vida increíble como futbolista y como entrenador. Su palabra podría servir para enseñar y explicarles cuestiones de este juego que –aún hoy– a veces no entienden ni quienes dicen admirarlo.

Y así como recordé aquello del Gran DT y la pereza para ver a Vélez sin prejuicios del sector más poderoso de la prensa escrita, no puedo saber en qué momento Bianchi empezó a sentirse cómodo hablando de fútbol sólo por un montón de plata, en televisión o en una página de internet y dejar de hacerlo con quienes sólo somos periodistas de raza y profesión y contratados o empleados. Hay algo peor: aquel Bianchi que yo conocí, al que definimos en una producción como “una mezcla de barrio y mundo”, jamas hubiese hecho lo que hizo ayer, cuando aceptó una entrevista con 90 Minutos de Fútbol, el programa del que soy orgulloso columnista: hablar de otro canal cuando estás en uno que compite. Son códigos. Jamás imaginé que Bianchi –el que le dio un sopapo a los poderosos, el que se levantó y dejó plantado al mismísimo Macri, el que estuvo del lado de sus jugadores en un grave conflicto económico con Boca– iba a ningunear a un grupo de periodistas en un reportaje que fue serio y respetuoso y en el que se le permitió chivear hasta el hartazgo un producto que, la verdad, era de un nulo interés para la gente que estaba viendo el programa.

La prensa deportiva fue muy injusta con Bianchi muchas veces. Más en Vélez que en Boca porque a Boca no se le animan todos. Con Boca es mejor no criticar, piensan algunos. A Bianchi se lo acusó de todo. Desde soberbio hasta maleducado, pasando por deleznable operaciones para que nunca fuera el DT de la Selección Argentina.

Siempre me pareció un tipo fantástico. Y conociendo a su esposa e hijos, más todavía. Pero este de ahora, este mercader sin códigos, este grosero sin necesidad, este señor perseguido por nadie, este ex técnico con ganas de hacer plata como único fin, este monosilábico y odioso señor sólo interesado en chivear su poco interesante producto, es desconocido para mí. No es el que en la cocina de Giulia (el restaurante que alguna vez tuvo su hija Brenda) me dijo, con una ternura que sólo podemos tener los padres cuando hablamos de los hijos: “Me encanta que Brenda esté en esto. La voy a ayudar todo lo que pueda. Y Maurito también está estudiando y trabajando. Ahora les toca a ellos”. No esquivaba respuestas, era un tipo transparente y claro.

Lo que Carlos Bianchi hizo ayer en el móvil que le dio a 90 Minutos de Fútbol fue una enorme decepción.

Acaso la decepción sea el peor de los sentimientos. Los periodistas, por suerte, tenemos la posibilidad de descargarlo en un papel.

Esto es, nada más.