Final del primer tiempo. River empataba con Defensa y Justicia 1-1. Las caras lo dicen todo: el equipo no arrancó nunca.

Hasta antes de jugar contra Defensa y Justicia –y aún después del empate 0-0 con Quilmes– todos coincidíamos en algo: Matías Almeyda había encontrado esquema, funcionamiento y equipo. El esquema era su preferido, el 4-4-2, dibujo en el que dos jugadores tan trascendentes como Carlos Sánchez y Lucas Ocampos se sienten más cómodos que con cualquier otro. Este 4-4-2, además, libera al Chori Domínguez de la función de enlace, tarea que muchos quieren endilgarle y que a él lo perjudica, porque lo aleja del arco rival .

El funcionamiento había mejorado. Leonardo Ponzio era clave en esto. Ya dijimos acá que cuando supimos que regresaría a River, nos preguntamos “¿por qué?”. Para el equipo, acaso fueran más necesarios un zaguero central de renombre que acompañara a Jonathan Maidana o un volante izquierdo zurdo que alternara con Ocampos o bien, que permitiera que el diestro Ocampos jugara sobre la derecha y ese zurdo ocupara la banda opuesta. Pero Almeyda aceptó el retorno de Ponzio y formó el “doble 5” con él y Cirigliano. Y ese “doble 5” se acomodó después del primer partido con Almirante Brown, en cuanto regresaron Abecasis y Sánchez y Almeyda pudo formar “su” equipo. Fue el equipo que –aún con 10– le ganó a Independiente Rivadavia y Sportivo Desamparados. Fue el equipo que batalló con Quilmes.  Nunca jugó maravillosamente. Muchas veces, su enorme jerarquía individual acudió en ayuda de los naufragios colectivos. Pero había encontrado cierto equilibrio. Volvió a perderlo y sólo esa riqueza individual (más el grave error de Defensa y Justicia de creer que este juego tiene un solo arco) lo puso a cubierto de una derrota que hubiese hecho aún más evidente su retroceso.

Piriz Alvez fue el primer defensor de su equipo. Una de las claves del partido fue esta presión sobre Ponzio o, llegado el caso, sobre Cirigliano. River se quedó sin variantes.

 

Almeyda deberá tomar nota rápidamente de que los rivales –Quilmes y Defensa lo hicieron, los demás lo harán– ya saben que el fútbol de River se origina en el criterio y el despliegue del tándem Ponzio – Cirigliano. Seguir sosteniendo que el “doble 5” es una fórmula “defensiva” es falso. Por citar dos casos, Michael Ballack en la Alemania del Mundial 2006 y Juan Sebastián Verón en Estudiantes 2006/2012 son “cincos” y no “diez”. Sin embargo, nadie podría señalarlos como jugadores “defensivos”. Ellos participaron de fórmulas con “doble 5”.

Cirigliano y Ponzio son futbolistas con capacidad de recuperación, pero ambos, además, son capaces de generar juego. Ponzio es quien más sale, el que tiene una mayor presencia en las cercanías de los atacantes. Defensa y Justicia lo impidió con el excelente trabajo de Luis Jerez Silva, con la colaboración alternativa de los volantes de los costados, Matías Díaz (izquierda) o Carlos Rearte (derecha). También trabajó en esto el mismísimo Víctor Piriz Alvez, como se ve en la última foto. Defensa impidió que River jugara en la mitad de la cancha y lo dejó partido en mil pedazos que jamás pudo recomponer. No es descabellado pensar que este descalabro del medio haya generado, como consecuencia directa, los graves errores defensivos que mostró River. Errores defensivos que, por supuesto, incluyeron al arquero Vega.

Almeyda lo intentó en el entretiempo, cuando pateó el tablero con el ingreso de un delantero (Trezeguet) por un lateral (Abecasis). Ahora, con el resultado puesto y enterados de que Trezeguet hizo dos goles, sería fácil hablar del “acierto del técnico”, pero la realidad es que la tendencia del juego no se modificó. Es más, cuando el ex Mónaco y Juventus clavó el cabezazo en el ángulo bajo de Perafán, Defensa y Justicia había encerrado a River, clausurándole todas las salidas, asfixiándolo con una prolija posesión de pelota y obligándolo a ceder córners y tiros libres cercanos al área de Vega.

David Trezeguet y su felicidad. Sus dos goles no disimularon los problemas de funcionamiento.

David Trezeguet y su felicidad. Sus dos goles no disimularon los problemas de funcionamiento.

No hay que desconocer que Trezeguet fue decisivo para el empate final. No sólo porque fue quien hizo los dos goles finales, sino porque los generó en situaciones adversas. Ya quedó claro el contexto hostil en el que River se puso 2-1, en una jugada en la que estaba un paso en offside, pero en la que también abrió el manual del delantero: salió hacia la pelota sabiendo todo el tiempo lo que iba a hacer . Ese movimiento de la cabeza ubicando la pelota, con el lateral derecho (Aguilar) cerrándolo e intentando “moverlo”, es para mostrarle a los pibes de inferiores que quieren jugar de “9”. En el otro, con un toque sutil hacia Cavenaghi, dejó a dos rivales (Aguilar y Ferrón) mirándose a la cara. Después de eso, no dio nada por sentado. Acompañó la jugada –siempre cuidando el detalle de mantenerse detrás de la línea imaginaria que marca la pelota– y empujó la pelota al gol tras la defectuosa definición de Cavenaghi y el rebote corto en el arquero Perafán.

Pero esto no alcanza para esconder los errores. River empató, también, porque en el 3-2 Defensa se aterró y se metió atrás. Y porque el cuadro de Varela defiende tan mal como River. A delanteros como Cavenaghi, Trezeguet o el Chori, a jugadores como los cuatro volantes que tiene River, no se le puede dar ninguna ventaja. En cuanto Defensa falló en una salida, gol de Ocampos. En cuanto cerró mal el “4” o el juez de línea durmió, gol de Trezeguet. En cuanto Defensa y Justicia cedió terreno y dio un par de pasos hacia Perafán, gol de Trezeguet. River no perdonó ninguna y, en cambio, Defensa y Justicia marró tres goles en cuatro corners consecutivos.

Matías Almeyda con gesto adusto. Debe encontrar variantes cuando los rivales tapan a Ponzio y Cirigliano.

Defensa y Justicia atacó mucho a River. Tal vez, como ninguno. Pero el cuadro del Negro Rodríguez es un canto al desequilibrio. Tiene 38 goles a favor y 36 en contra y 10 puntos menos que River. El fútbol es ataque y defensa y el equipo verde – amarillo sólo hizo bien una parte. Y sus números en el torneo dicen que suele hacer bien sólo la parte que hizo bien contra River. Por eso, no pudo ganar, cuando todo parecía estar de su lado para hacerlo. Se asustó en el 3-2, como se asustó en el 2-1 del partido de ida en la cancha de San Lorenzo.

River zafó de la derrota en la primera rueda con un hombrazo de Rogelio Funes Mori. Ahora, se salvó por la indiscutible jerarquía de Trezeguet y porque Defensa y Justicia no pudo sostener atrás lo que hizo adelante.

Pero River –que es quien nos ocupa principalmente acá– retrocedió en funcionamiento. Los dos últimos rivales supieron como controlarlo. Ahora, la tarea será difícil, pero hay que hacerla: hay que suplir las tareas organizativas de Ponzio y Cirigliano cuando el rival los presiona y no les permite pensar o les tapa a los potenciales receptores.

Hay una semana para hacerlo. Lo que viene será igual de complicado.