El triste camino de Boca hacia el vestuario. El 5-4 histórico de Independiente es una realidad. Riquelme y Schiavi, líderes de un equipo que mostró fallas graves.

La solidez defensiva, el orden, el equilibrio y la contundencia no tienen buena prensa. Boca lo sabe muy bien. Debe ser el campeón invicto (12 puntos de ventaja sobre sus más cercanos perseguidores, segundo equipo más goleador, el menos vencido) con menos reconocimiento periodístico de los últimos veinte años, por lo menos. Seguramente –como ocurre con el Estudiantes de Zubeldía de los 60– será recordado con nostalgia dentro de treinta o cuarenta años, pero ahora no es su tiempo. Es difícil, además, el reconocimiento contemporáneo. Lo tiene el Barcelona, pero no la carrera de DT de Mourinho, por citar un ejemplo que escape de nuestro micromundo futbolero. Muchas veces se mezcla el análisis con el gusto personal y ese cóctel, en general, da turbio, nubla la visión. Es aceptable que el Boca de Falcioni no guste. Es increíble que no sea reconocido como un muy buen equipo.

Estos dos partidos que Boca perdió –el 1-2 con Fluminense, 4-5 con Independiente– lo dejan a merced de los “caza – Falcioni”. No hablemos de quienes tiene problemas personales con el entrenador. Hablemos de quienes –con todo derecho– no comulgan con los gustos del entrenador. Lo paradójico es que los mismos que no le ven en Boca más que “sólidez defensiva” y “contundencia”, ahora dicen que “los dos mejores partidos del ciclo Falcioni fueron los que perdió”. El que jugó bien –maravillosamente bien– en estos dos partidos fue Riquelme. Pero Boca no. A ningún equipo que juega “los mejores partidos del ciclo” se le duerme el volante izquierdo (Erviti) cuando el que está por ese lado es el famoso Deco, como ocurrió en segundo gol de Fluminense. Y a ningún equipo que juega “los mejores partidos del ciclo” le hacen cinco goles, como le hizo Independiente.

Los dos mejores: Román y el Tecla. Además de hacerle 3 goles a Boca, el delantero rojo colaboró en la recuperación.

Si bien es cierto que contra Fluminense el resultado debió ser más generoso con Boca,  el cuadro de Falcioni repitió errores que viene arrastrando desde comienzo de año y que estaban ocultos detrás de los triunfos. Pero los partidos de Fluminense e Independiente fueron diferentes. La primera distinción entre una y otra derrota es la formación del equipo. Es real que Boca tiene un funcionamiento aceitado, pero ese funcionamiento está estrechamente ligado a los apellidos que componen el equipo. Aunque en superficie no parezca, Caruzzo no es lo mismo que Insaurralde, Erbes no es lo mismo que Somoza, los chicos Sánchez Miño y Gaona Lugo no son Erviti ni Cvitanich o Mouche. Hilando más fino, pese a que Roncaglia es habitualmente integrante del equipo top xeneize (y que le metió dos goles a Independiente), no es lo mismo que Clemente Rodríguez. La única comparación que está empatada (tal vez en ventaja) en relación a las formaciones boquenses de sus dos últimas derrotas sea la de Pablo Ledesma con Diego Rivero.

Formación de Boca, la noche del 1-2 con Fluminense. Arriba: Insaurralde, Riquelme, Orión, Caruzzo, Somoza, Mouche. Abajo: Silva, Clemente Rodríguez, Rivero, Erviti, Roncaglia.

Formación de Boca en la tarde del 4-5 con Independiente. Arriba: Schiavi, Riquelme, Orión, Caruzzo, Roncaglia, Erbes. Abajo: Silva, Ledesma, Gaona Lugo, Sánchez Miño, Franco Sosa.

Formación de Boca en la tarde del 4-5 con Independiente. Arriba: Schiavi, Riquelme, Orión, Caruzzo, Roncaglia, Erbes. Abajo: Silva, Ledesma, Gaona Lugo, Sánchez Miño, Franco Sosa.

En el partido con Independiente, hubo una ausencia clave, la de Leandro Somoza. En una estructura rocosa como la de Boca, el volante central cumple una función vital. Somoza es quien sostiene el ataque de Boca por si se pierde la pelota en un intento ofensivo y, sobre todo, es quien toma posiciones cercanas a los centrales (“se mete adentro”, diría un entrenador) para cercar la zona central del ataque rival. Pichi Erbes es un jugador intersantísimo, pero Somoza es un nombre propio allí. Y, por ahora, es irreemplazable, si buscamos una eficacia similar en el sostenimiento de la presión y el auxilio para los hombres del fondo.

Contra Fluminense faltó Schiavi, otro de los generales del fondo. Hubo casi unanimidad en que la ausencia del Flaco expuso demasiado a Caruzzo y que le quitó seguridad a Orión. Si esto fuera así, ¿cómo se explican los cinco goles de Independiente con Schiavi en la cancha? Boca tiene dos fortalezas: el conjunto y Riquelme. De esas dos fortalezas, hubo una que falló como nunca, que fue el colectivo. Román hizo dos partidos estupendos. El segundo tiempo del capitán contra Independiente fue impresionante.

Pero está visto que sólo con Riquelme en un nivel superlativo no alcanza. Hace falta una estructura que lo contenga. Y esa estructura, hoy, está agrietada. Algo se rompió. Boca jugó muy mal los primeros partidos del torneo local (vs. Olimpo y Unión) y en su visita copera a Venezuela, en el empate 0-0 con el débil Zamora. Hubo un tenue atisbo de recuperación con Newell’s y mucha autoridad contra San Lorenzo, pero estas caídas con el Flu e Independiente lo devolvieron a aquellas dudas del comienzo. Dicen los psicólogos deportivos que, después de un gran logro, llega un tiempo en el que cuesta retomar el nivel. Esta podría ser una explicación, aunque es difícil pensar en relax con la brutale obligación que su gente le impone para que pelee y gane la Copa Libertadores.

La otra explicación es que el conflicto post-empate con Zamora quebró algo adentro y es irreparable. Esto parece ser, al menos por ahora, la razón que queda más a mano. Aunque desde afuera el hincha común no lo note, los problemas internos son capaces de derrumbar la torre más alta. El mismo Boca lo sufrió en tiempos de la disputa Palermo – Riquelme. No subió del décimo puesto durante todo el 2009 y 2010. No es casual ni obra del Espíritu Santo que, cuando se fue uno de los dos, Boca haya sido campeón. “A mí me importa que jueguen bien, no que sean amigos”, dicen algunos. Es un razonamiento lógico, pero sólo se da en la teoría. Es posible pero difícil que si las cosas no funcionan bien puertas adentro, a la hora de jugar todo salga como debe.

El beso de Román. El 10 está en gran nivel, pero la estructura colectiva de Boca parece haberse debilitado.

Boca necesita ya, urgente, una recomposición del tejido defensivo y, además, que Riquelme sienta que detrás de él las cosas son como solían ser. Es cierto que la derrota con Independiente 4-5 pudo ser 4-3 ó 5-3, pero no lo fue. Independiente se lo dio vuelta en cinco minutos. Un gol de pelota parada y otro con error del casi infalible Schiavi lo hundieron en una derrota que, seguramente, repercutió en el alma de los jugadores.

Pero hay algo más grave: el objetivo principal de este primer semestre de 2012 es la Copa Libertadores. Y Boca está con serios problemas. En términos numéricos, el empate con Zamora pasó a ser un pésimo resultado (por si no lo era ya) tras la derrota como local ante Fluminense. Arsenal en Sarandí es un equipo muy complicado y Boca viene de una derrota histórica, inolvidable no sólo para Independiente. Habrá que ver si Falcioni sigue llegándole a los futbolistas como en el Apertura 2011 o si los rencores personales le impiden el paso a los intereses colectivos.

Boca deberá luchar contra esto, de aquí en más. Una eliminación prematura en la Copa revoleará el proyecto por el aire, seguramente marcará el final del Falcioni. Sin la Copa, la situación del DT se hará insostenible y, de paso, el presidente Angelici podría liberarse del DT que heredó y que no hubiese elegido jamás. Esto, sin tomar en cuenta la cantidad de dinero que Boca dejaría de ganar si se va de la Copa en primera ronda. Si no le gana a Arsenal, la cosa estará complicada.

Hay que revisar la fórmula del éxito. Hay que pensar que Orión, Schiavi y los del medio no podrán fallar más como lo hicieron. Hay que entender que si Mouche siempre elige mal la forma de definir, a Boca le costará mucho convertir en goles las pocas situaciones que se presentará en la Copa. Habrá que ver si no es mejor que el volante derecho sea Ledesma y no Rivero. Habrá que pedirle a Somoza que redoble los esfuerzos, que sirva de apoyo para el genio de Román y para que Schiavi y Caruzzo no estén tan descubiertos como con Independiente.

Habrá que ver, en definitiva, si Falcioni y los jugadores que no se llaman Riquelme están a la altura de las circunstancias.