David Trezeguet festeja su decisivo gol ante Deportivo Merlo. Fue determinante en un momento difícil del equipo.

“River recuperó su formación histórica”, dijeron algunos leyendo en el diario que Matías Almeyda pondría juntos al Chori, Cavenaghi y Trezeguet. ¿Qué significa “formación histórica”? ¿Juntar gente que juega de delantero y tirarla a la cancha como con un salero? ¿Atacar todo el tiempo? ¿Obviar al rival? ¿volver a los años 40, con cinco hombres en ofensiva, que, en realidad eran tres? ¿O a los 60, con wing – centreforward – wing? ¿O como el Campeón del Mundo 86, que tenía cuatro volantes y Alzamendi y Funes para jugar de contraataque?

Encontré al Bambino Veira al día siguiente del 5-4 de Independiente a Boca, en el camarín de Fox Sports. Charlamos sobre el espectacular partido del día anterior. Nos detuvimos en el quinto gol de Independiente, el de Farías, picándola por encima de Orión. “Fue un gol de tu River, el del 86. Ese equipo tenía uno de los mejores contraataques que ví”, le dije y le recordé que él lo llamaba “contraataque ofensivo”. Veira respondió cómo sólo él lo hace: “En aquella época, inventé lo de ‘contraataque ofensivo’ porque si blanqueaba que esperábamos y contraatacábamos, nos mataban a todos”. Y siguió: “Cuando se fue Enzo y vino Funes, se me cayó Morresi y puse al Beto Alonso. Se fue la Araña (Amuchástegui) y vino Alzamendi. Era una papita para la contra. La pegada del Beto, la velocidad de Antonio, la potencia del Búfalo. La gente te encasilla en ‘defensivo’ u ‘ofensivo’ y de ahí no te saca. Jugamos partidos memorables con este esquema. Y ganamos todo. La gente, hoy, se acuerda de los logros y dice ‘qué equipazo’. Es cierto, era un equipazo, pero jugaba de contraataque porque las características de los jugadores eran ideales para eso. Pero andá a explicarlo… ”

Algo de eso pasa ahora. River había encontrado un equilibrio interesante en el 4-4-2, pero sin perder agresividad. Como ya hemos dicho acá, Ponzio fue el que balanceó el medio y protegió al resto. Trezeguet –también fue dicho acá hace tiempo– es un jugador de otra categoría y, si el físico le responde, será difícil sacarlo porque puede ser clave en lo que le queda a River de acá al final del torneo. Son los dos refuerzos que River trajo a comienzos de año, las dos apuestas de la sociedad Passarella – Almeyda que, hasta ahora, dieron resultado óptimo. Como River es un club contaminado políticamente y el hincha no es un ejemplo de paciencia y firmes convicciones, lo cuestionó todo. Pero Ponzio era titular en la Liga Española y Trezeguet podía haber seguido allá. Y los dos se vinieron. Llegaron en plenitud y le están dando a River el rédito que imaginó cuando los trajo.

Fernando Cavenaghi festeja como loco, tras asegurar el triunfo de River. Los goleadores aparecieron en los momentos clave.

Almeyda decidió probar con nuevo – viejo esquema. Ya había intentado un 4-3-1-2, con el Chori de enlace y la dupla atacante Cavenaghi – Funes Mori en algunos partidos. Pero siempre terminó en el 4-4-2 por el privilegio de tener muy buenos volantes centrales y, sobre todo, por las características de los volantes de los costados. Pero esta vez es diferente en algo: el nivel de Cirigliano bajó –contra Defensa y Justicia debe haber jugado su peor partido– y los goles de Trezeguet en ese mismo partido lo obligaron a darle titularidad. Esto, a su vez, generaba otro problema. Para poner a David y mantener el 4-4-2, había que sacar al Chori Domínguez o a Cavenaghi.  Y esos dos son intocables. Entonces, ten{ia que salir un volante y cambiar el esquema o jugar con tres atrás y que Sánchez y Ocampos aumentaran los metros a recorrer para suplir la falta de defensores por las bandas. En una defensa de tres, Juan Manuel Díaz no sería de lateral definido, sino que tendría que cerrarse y así el sector izquierdo de la defensa quedaría descubierto.

El DT se decidió por mantener a los 4 en el fondo –aún cuando una lesión dejó afuera a Abecasis y debió acudir a Vella– y sacar a Cirigliano. Era una de las posibilidades y en esto coincido con el entrenador: si un volante tenía que salir, era uno de los centrales. Hoy, Ponzio es irreemplazable. El indicado era Cirigliano. En este contexto, el más perjudicado es el Chori Domínguez. El 10 es el que, en realidad, le dejó su lugar a Trezeguet para ocupar una posición de “enganche”, que lo aleja del arco y lo entrega mansamente a marcas implacables. De todos modos, en largos lapsos del partido, el volante derecho de River fue el Tano Vella y Sánchez (de mejor primer tiempo que segundo) se cerró para ayudar a Ponzio en la recuperación y distribución.

Ya quedó dicho y ayer se reafirmó que el Chori es media punta o delantero, nunca organizador de juego. Ante Merlo, muchas veces fue Ponzio el que tomó la bandera de la organización. El técnico del cuadro del Parque San Martín reaccionó enseguida y destinó a Matías Díaz (ex River, el 10 de Merlo) a presionar a Ponzio cada vez que el ex Zaragoza intentaba salir jugando. Por eso, sobre todo en el primer tiempo, River pareció tropezar todo el tiempo, equivocó mucho el destino de los pases, se lo vio apurado e impreciso. Eso lo generó la presión del rival. El único de los de arriba que entendió cómo jugar fue Trezeguet. En lo poco que participó en el partido, jugó a un toque y se mostró como inmediata descarga. El Chori, en cambio, al encontrarse lejos del arco rival y rodeado, retuvo la pelota más de la cuenta, perdió más de lo que ganó y entró en roces innecesarios. Ponzio recuperó mil pelotas y trató de que el pase saliera a un compañero, aún en situaciones muy desfavorables. Lo logró casi siempre, pero las intenciones de River morían en tres cuartos. Allí, Merlo levantó una muralla (como hacen casi todos los rivales de River) y al equipo millonario le costó un tiempo y medio vulnerarla con juego asociado o con un pase profundo.

El Chori Domínguez fue el más perjudicado por el cambio de esquema. Queda lejos del arco rival y se convierte en presa fácil de la presión de los volantes del otro equipo. O, como acá, del Chanchi Estévez, que también bajó a colaborar con sus compañeros del medio.

La jerarquía individual de Trezeguet puso a River 1-0 sobre el final del primer tiempo, después de que cayeran dos centros en el área de Merlo y David se generara el lugar para cabecear. En el segundo tiempo, hubo un par de hechos que podrían explicar el resultado final. Néstor Ferraresi sacó al Chanchi Estévez, que se había perdido un gol imposible, pero era el único jugador de Merlo capaz de jugar la pelota a ras del suelo y complicar posicionalmente a los centrales de River. Entró Lázzaro y, entonces, a Merlo le quedaron arriba un delantero de potencia (Lázzaro) y otro de largas zancadas y cierta habilidad (Blanco). Ninguno que levantara la cabeza y le diera un destino seguro a la pelota. Esto lo había hecho Estévez y Ferraresi –seguramente decidió en caliente por el gol increíble que el Chanchi perdió un par de minutos antes– lo sacó. Estévez preguntó “por qué” y nosotros también.

Con esta variante, ya Merlo no tuvo chances de llegar hasta Vega y fue desgastándose en una lucha sin el arco rival en su GPS. En una salida del equipo de la banda azul, Vella cortó el avance, dio rápido a Trezeguet, de primera al Chori y el Chori, con todo Merlo yendo hacia adelante y, más que nada, con una enorme categoría, habilitó a Cavenaghi al lugar exacto en el momento preciso. El toque de Cave por encima de Capogrosso fue gol, 2-0 y a cobrar. Ya con Cirigliano en la cancha, funcionó en tándem con Ponzio (como hace veinte años Astrada y Zapata) para recuperar la pelota con asfixiante presión, Ponzio vio a Cavenaghi, se la dio justa y Fernando resolvió. Otras dos muestras de la impresionante jerarquía individual de River le dieron al resultado una amplitud que no tuvo en el juego.

Almeyda dice que va a seguir con este esquema y es entendible. Faltan trece fechas, River lleva ocho partidos sin perder, Trezeguet está en estado de gracia, Ponzio es un conductor excepcional, al Chori o a Cavenaghi no se los puede tocar y Cirigliano es un pibe que, encima, no está jugando como en la primera rueda. Pero cuidado que hay equipos mejores que Merlo y algunas seguridades que River tenía ya no son tales.

Aunque no lo crean y aunque “esto es River”, el fútbol sigue siendo un juego de dos arcos. Ayer, todo salió bien y hoy todos están felices.

Mañana será otro día.