Fernando Cavenaghi y David Trezeguet. El problema es que la pelota les llega poco y mal. Falta alguien que organice el juego.

Angel Labruna lo decía siempre, en su particular lenguaje burrero: “Los pingos se ven allí, en el verde césped”. Lo de “verde césped” estaba vinculado –por si alguno no lo sabe– a la pista de San Isidro, uno de los hipódromos preferidos de Angelito. Iba cuando podía y, si no, lo mandaba a Rodolfo Talamonti (su histórico ladero, que todavía anda por River) para que le jugara unos boletos.

Es muy cierto que “los pingos” se ven en la cancha. Mejor así. Sería muy fácil –y tremendamente aburrido– pensar que con la formación que uno lee en el diario todo está resuelto. Algunos siguen pensando que en fútbol 1 + 1 es 2 siempre. Algunos creen que si David Trezeguet, por ejemplo, anda muy bien y se lo sumamos a los 17 goles de Fernando Cavenaghi, River duplicará su capacidad goleadora. Y que si al Chori Domínguez lo tiramos atrás, “de 10”, como tiene buen manejo y “juega bárbaro”, tenemos todo resuelto. O sea, 1+1=2.  En la teoría es genial. Cierra siempre. Es más, el mismísimo Matías Almeyda, en sus cavilaciones con Gaby Amato y el resto de su equipo lo habrá pensado así. Europa entregó a un Leo Ponzio más completo, con capacidad de distribución de juego, entonces también les cerró acá: “Sin Cirigliano, alcanza con Ponzio. Recupera mil pelotas y se la da siempre a los compañeros. Acá tiene que juntarse con el Chori a tirar paredes y generar juego para David y Fernando”. Maravilloso. Gran idea.

Formación inicial de River, con el "tridente", antes del empate con Gimnasia 0-0. Arriba: Ponzio, Trezeguet, Maidana, Ramiro Funes Mori, Vega, Chori Domínguez. Abajo: Cavenaghi, Vella, Ocampos, Sánchez, Juan Manuel Díaz.

En la cancha eso no encuentra la debida correlación. Pasan otras cosas, no tan sencillas. En primer lugar, hay rivales que se mueven. Un legendario entrenador uruguayo de Nacional de Montevideo, Washington “Pulpa” Etchamendi, decía: “Nosotros organizamos todo. Ponemos los muñequitos acá, acá y acá. Les decimos a los futbolista hagan esto y aquello. Pero llega el domingo y los que están enfrente se mueven. Ahí se arma un quilombo bárbaro. Los jugadores me miran y yo quiero hacer un pozo y enterrarme”.

A Almeyda, salvando las distancia, debe haberle pasado algo parecido. El decisivo ingreso de Trezeguet contra Defensa y Justicia le cambió los planes. Se sintió obligado a darle un lugar entre los once al ex Juventus. Lo ayudó el flojo nivel de Cirigliano en ese partido y que es un pibe todavía. Porque, si repasamos la historia de River en la B Nacional, nos encontraremos que los mejores momentos millonarios fueron con dos cincos respaldando a los volantes de los costados y a los dos de arriba. La falta de un volante central descompaginó al equipo y la presencia de un hombre más de ataque no le dio la contundencia que necesitaba. Uno podrá decir que “a Deportivo Merlo le ganó 3-0”. La respuesta es sencilla: el primer gol de River llegó cuando se terminaba el primer tiempo –en el que River había jugado realmente mal– gracias a la pericia de Trezeguet para ganarle el salto a un defensor y buscar el rebote. Y los dos restantes, en el último tramo de partido, después de que el DT rival le errara con un cambio y se distrajera un defensor. El tercer gol llegó por una presión del tándem  Cirigliano – Ponzio que recuperó la pelota en campo rival y con Deportivo Merlo saliendo.

En el primer tiempo con Gimnasia, River tuvo una sola situación de gol, que, esta vez, Trezeguet desperdició. Es muy poco. Si uno suma a Chori más Cavenaghi más Trezeguet, lo hace pensando en un aluvión sobre el arco rival. Este supuesto aluvión no llegó con Merlo ni con Gimnasia. Es más, a River le costó mucho tener la pelota –insisto con lo fácil que Chori se entrega a la marca más cerca del medio que del arco contrario– y también le costó mucho recuperarla. El Lobo puso mucha gente en el medio y acá no hay mucho misterio. Si ellos tienen más gente, es probable que tengan más tiempo la pelota o que el equipo propio la pierda pronto. Por supuesto que también hay que jugarla con sentido y Gimnasia, en este aspecto, duró sólo los primeros veinte minutos. Pero le bastó con que el uruguayo Pouso estuviera disciplinado para que Chori no tocara la pelota o, como ocurrió en el segundo tiempo, terminara pidiéndola como doble cinco, a sesenta metros de Monetti. Allí, el Chori Domínguez es absolutamente inofensivo. Y River también, porque el equipo queda muy largo y es una utopía que la pelota les llegue bien a los de arriba. Salvo la situación de Aguirre –otra vez River genera lo mejor con dos volantes centrales en la cancha– que fue por un medido pase de Cavenaghi al punto penal, el resto fueron centros que Trezeguet cabeceó forzado o Cavenaghi no llegó.

El Chori Domínguez apretado por el uruguayo Omar Pouso. Esta presión se repitió constantemente y el delantero de River terminó casi de doble cinco. El Chori es el más perjudicado por el nuevo sistema.

Un equipo no es menos “ofensivo” ni más “defensivo” por utilizar dos cincos. El ideal de este sistema –que funciona en el fútbol de hoy, lleno de gente en la mitad de la cancha– es con un cinco de manejo y otro de recuperación. River los tiene y le sobra. Cirigliano y Ponzio poseen un alto grado de ubicuidad y capacidad de quite y, cuando la tienen, generalmente hacen lo que debe hacer un cinco de River: jugarla con criterio ofensivo. Menotti decía, hace muchos años, que “hay que saber salir para poder entrar”. De eso se trata. River podrá poner en el área tres, cuatro o cinco hombres “de ataque”, pero no significa que vaya a llegar más. De hecho, la situación más clara, se dio con el desprendimiento de un volante (Aguirre) para usufructuar el pase al claro de un punta (Cavenaghi). O sea, salió el “9” y se metió un “5”.

Contra Ferro, Almeyda repetirá la formación. Tal vez, el rival y el escenario sean más acordes con esta idea. Pero es una jugada arriesgada del DT. Tenía el equipo más o menos aceitado, con futbolistas seguros y en buen nivel y decidió patear el tablero, en nombre de una supuesta apuesta ofensiva que le quitó fluidez en el traslado de la pelota.

En fútbol, casi nunca 1+1 es 2. Por ahora, River viene acomodando los tantos.

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