El grito enloquecido de Pablo Ledesma, co-autor del primer gol de Boca en el 2-0 ante Arsenal. Desahogo total por abrir un partido complicado. Postal del compromiso de los jugadores de Boca con la idea y el objetivo. Por ahora, esto suple algunas fallas de funcionamiento.

Son días extraños para Boca. Por ejemplo, el primer tiempo de Juan Román Riquelme frente a Lanús fue de un nivel similar al de un Román de 2000/2001. Hacía rato que no veía en el fútbol doméstico semejante demostración individual y tal grado de influencia de un solo jugador en el desarrollo y el resultado de un partido. Si en algún momento Boca estuvo dos goles por encima de Lanús, fue por Riquelme. No hay otra explicación táctica ni estratégica. Riquelme y su lucidez metieron a Lanús contra Marchesín y si bien el primer gol de Boca fue obra de un mal centro de Mouche que inesperadamente se clavó en un ángulo, la realidad es que el corner previo, las situaciones de gol que Boca creó antes de eso y todo el estadio puesto de pie, lo provocó Román. Nada más que Román.

Pero empezamos el texto mencionando “días extraños” y eso tiene que ver con que, ante Lanús, Boca fue Riquelme y nada más. Detrás de Román, Boca no tuvo el funcionamiento que tantas veces le elogiamos, esa solidez que una y otra vez fue tapando críticas de falsos preciosistas y que terminó en una sideral distancia con el resto. Como era de suponer, Lanús se lo empató y hasta se lo pudo ganar, cuando Riquelme se paró.

La rareza es que, pese a todo, Boca sacó la cabeza y ganó en momentos complicados. Recordemos que cuando visitó a Arsenal por la Copa Libertadores el 14 de marzo, era todo o nada. Si llegaba a perder en Sarandí –y los primeros 30 minutos dieron una idea clara de derrota– el cuadro de Falcioni hubiese quedado con un pie afuera del torneo continental en primera fase. Detrás de la caída en la Copa, iban a venir limpiezas, contratos no renovados, libertades de acción y, fundamentalmente, la salida abrupta del técnico. Esto, sin contar el dinero que Boca hubiese dejado de ganar si ocurría lo peor.

Sin embargo, lo levantó emulando a equipos de Boca de otros tiempos, como el Boca de Lorenzo, el de Bianchi o cualquiera de esos equipos graníticos y de gran voluntad. El partido contra Arsenal en Sarandí fue una muestra de esto. Boca no hizo un buen partido siquiera. Pero consiguió la victoria indispensable para sacar la cabeza en un momento decisivo para todos.

Esta es la parte en la que Pablo Mouche arranca y parece inalcanzable. En la noche del jueves, tuvo problemas para definir, pero el aplauso final premió su enorme entrega para el equipo, después de la expulsión de Somoza.

Esta es la parte en la que Pablo Mouche arranca y parece inalcanzable. En la noche del jueves, tuvo problemas para definir, pero el aplauso final premió su enorme entrega para el equipo, después de la expulsión de Somoza.

Contra Lanús, Falcioni decidió poner a todos los posibles y fue mejor así. Esa noche –quedó dicho– Riquelme jugó su mejor partido de los últimos tres años, seguro. Las dificultades estuvieron –otra rareza– en el conjunto. Boca jugó muy mal colectivamente. El conjunto no le generó opciones válidas a Riquelme, lo dejó sin margen de error o ausencia. En valores individuales, Somoza salió a presionar solo y lejos, con el riesgo de descompensación que esto implica. Le pasó en una jugada previa al empate de Lanús. El ex Vélez apretó casi en tres cuartos, perdió en la disputa y Camoranesi, que aprovechó su espalda cuantas veces quiso, se fue solo con la pelota y treinta metros libres para recorrer. Schiavi – Insaurralde quedaron lejos, el equipo muy largo y Camoranesi metió una puñalada para Pavone. En el Boca Campeón del Apertura 2011, era una utopía ganarle la espalda a Somoza y llegarle a los centrales con pelota dominada. Cuando Román se cansó, esto quedó más claro y, si Boca no perdió, fue porque Camoranesi (enorme figura granate) salió lesionado. Con el ex Juventus en la cancha, Boca pudo haberla pasado aún peor.

La primera media hora del primer tiempo del partido copero frente a Arsenal en la Bombonera pareció ser una continuidad de aquel de Lanús, aunque con un agravante: Riquelme no fue el mismo. Arsenal lo tomó mejor que Lanús. Hizo un trabajo de orfebrería y de gran concentración para moverse con líneas apretadas y no le dejó al 10 ni el menor resquicio para que pudiera meter un pase lujoso o para que les hiciera algún daño con los infinitos recursos que Riquelme tiene para dañar al rival. Entonces, Boca debió apelar al trabajo colectivo. Y allí volvió a fallar. Erviti se encontró en inferioridad numérica contra Carbonero y Nervo, que fueron los dos jugadores que Arsenal mandó por la derecha. Después,  Clemente Rodríguez se los encontraba de frente y con la pelota dominada por los volantes visitantes. Como Camoranesi cuatro días antes, Leguizamón manejó la pelota a su antojo detrás de la línea de Somoza y obligó a Schiavi a salir muy lejos dos o tres veces.  Incluso, el Flaco lo volteó una vez con violencia, lejos y desde atrás en la mitad de la cancha y el árbitro no le sacó la amarilla que correspondía. La noche de Boca parecía destinada al sufrimiento…

Así marcó Arsenal a Riquelme. De un lado, Burdisso (3). Del otro, Espinoza (18). Atrás, Cuesta. En la primera media hora, Boca no le dio respuestas colectivas ni individuales a esto. Con la expulsión de Somoza y el compromiso de los jugadores, el cuadro xeneize sacó adelante una historia compleja.

Así marcó Arsenal a Riquelme. De un lado, Burdisso (3). Del otro, Espinoza (18). Atrás, Cuesta. En la primera media hora, Boca no le dio respuestas colectivas ni individuales a esto. Con la expulsión de Somoza y el compromiso de los jugadores, el cuadro xeneize sacó adelante una historia compleja.

Esta falla colectiva de Boca –provocada, en parte, por bajos rendimientos individuales– generó la expulsión de Leandro Somoza a los 37 minutos del primer tiempo. Ya había cometido una falta de amarilla por la soledad en la que se debatía contra los tres o cuatro volantes que siempre le presentaba Arsenal en sus alrededores. La segunda amonestación (que también fue correcta) fue por salir al trapo contra Carbonero, en el nacimiento de un ataque del cuadro celeste y rojo y con Boca absolutamente descompensado. Seguramente, Somoza confió en la impunidad que muchas veces tienen los volantes centrales de los cuadros grandes contra uno chico. No fue este el caso. Patricio Loustau –quien no pisaba la Bombonera desde su escandaloso arbitraje en el Superclásico del Clausura 2011– lo echó sin hesitar.

A Boca pareció taparlo la noche más oscura. Por el momento, zafaba de algún sobresalto mayor porque Arsenal es un equipo liviano a la hora de pisar el área rival. Tiene el centro como sistema y no como un recurso y la pelota parada como un credo para convertir un gol, apoyado en el muy buen juego aéreo que le dan Burdisso en la práctica y Córdoba en la teoría.

Pero ocurrió lo contrario. De golpe, todos decidieron enterrar definitivamente el lío de Barinas, las derrotas con Fluminense e Independiente y los enconos personales y defender el objetivo principal de Boca en este semestre, la Copa Libertadores. Entre Ledesma y Erviti se las ingeniaron para cubrir el hueco provocado por la expulsión de Somoza, Mouche hizo la doble función de trabajar como volante izquierdo, con las obligaciones defensivas que esto conlleva y delantero por afuera, Riquelme, se adelantó unos metros para que Silva no quedara tan aislado y, sobre todo, la línea de volantes achicó espacios con la de atrás.

Santiago Silva responde a la ovación que le tributó todo el estadio. Fue muy merecida. La falta de "su" gol no tapó el excelente partido que jugó.

Santiago Silva responde a la ovación que le tributó todo el estadio. Fue muy merecida. La falta de "su" gol no tapó el excelente partido que jugó.

Los goles le trajeron aún más tranquilidad a Boca y, prácticamente, el pase a la siguiente ronda. A esta altura –salvo algún imponderable– Boca debería vencer hasta con holgura al Zamora en la Bombonera. Pero no hay que perder de vista algunas cuestiones de funcionamiento.

– Boca sacó adelante el partido con Arsenal porque sus jugadores mostraron un altísimo grado de compromiso con la causa xeneize de llegar a la final de la Copa. Hubo puntos de rendimiento excelentes, como Schiavi, Ledesma y Silva. Hubo una reacción colectiva importante después de la expulsión de Somoza.

– Silva es un delantero de elite. Al juego de Boca, todavía le falta unir el esquema con Silva. En el GPS de la búsqueda del gol, a Boca aún no le aparece el Tanque. Por ahora, la mayoría de las llegadas son por Mouche. Cuando Silva participa (y participa bastante), lo hace porque él mismo se genera el espacio o se presenta como opción de pase, aún lejos del arco rival. De esta manera, metió el taco para Román y el pase – gol a Sánchez Miño. Pero para ser el goleador tremendo que fue en Banfield y Vélez, falta que el equipo le genere juego.

– Hubo una gran recuperación de Schiavi, en relación a los partidos con Independiente, la ida con Arsenal y Lanús. Arsenal es un equipo con un juego aéreo importante. El Flaco no perdió ninguna. En lo colectivo, la dupla Schiavi – Insaurralde se mantuvo siempre cerca de Ledesma – Erviti, después de que fuera expulsado Somoza. La situación límite los puso atentos. Esto debe ocurrir siempre. Si no, Boca dejará de ser el equipo sólido que todos conocemos.

Boca en la Copa Libertadores es una historia aparte. Está casi en la próxima ronda. Y, como dijo Riquelme, ahí “empieza la verdadera Copa”. El equipo de Falcioni está afinando los instrumentos. La serenata que viene es larga y difícil. Hay intérpretes para hacer una melodía armónica y tiene al mejor solista.

El desafío es encontrar la partitura justa.

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