Archivos para el mes de: abril, 2012
Mariano Pavone recostado a la izquierda y enfrentando a Iván Pillud como si fuera un viejo wing. Lanús le ganó a Racing con una claridad mayor a la que indica el 3-1 final.

Mariano Pavone recostado a la izquierda y enfrentando a Iván Pillud como si fuera un viejo wing. Lanús le ganó a Racing con una claridad mayor a la que indica el 3-1 final.

Lo primero que uno ve en Racing es una gran confusión ideológica.  Justo en el día en el que Pep Guardiola anunció que se iba del Barcelona y los directivos catalanes designaron a su ayudante Tito Vilanoba como su sucesor, en una muestra de coherencia brutal, Racing aún no sabe cuál es el camino a seguir.

Basta con repasar los últimos entrenadores que tuvo el cuadro de Avellaneda. Miguel Angel Russo encabezó la nómina de DTs racinguistas que se pusieron a trabajar con “uno de los planteles más ricos del fútbol argentino”. El encomillado no hace cargo a nadie más que a mí. Me tocó comentar un partido de Racing y San Lorenzo el 26 de febrero de 2011. El DT era Russo. Esa tarde, en el Nuevo Gasómetro, Racing se presentó con una formación rara, pero bien pensada. Marcos Cáceres fue lateral derecho y Pillud volante de ese lado. Russo liberó de compromisos defensivos a Pillud para que jugara a espaldas de Palomino, zaguero central puesto de lateral por Ramón Díaz, entonces entrenador del Ciclón. La jugada salió perfecta. Racing ganó 2-1 con dos goles de Teo Gutiérrez y con Claudio Yacob como figura excluyente. Gío Moreno no estaba, se había roto los ligamentos en la fecha inicial frente a All Boys. Fue tal el grado de entusiasmo que todos creyeron ver en Pillud al sucesor de Pupi Zanetti en la Selección Nacional. Y más: Racing ganó sus dos compromisos posteriores (Olimpo 4-3 y Colón 4-0 en Santa fe) y generó una locura entre sus hinchas. Pero tras la enorme victoria sobre Colón, llegaron tres derrotas sucesivas y todo acabó. En ese Clausura 2011, Racing perdió 10 partidos de 19 y la Comisión Directiva no renovó el contrato de Russo.

Luis Zubeldía tiene mucho trabajo por hacer en Racing. Sus planes van a naufragar si no logra levantar el nivel individual de la mayoría de los jugadores.

Luis Zubeldía tiene mucho trabajo por hacer en Racing. Sus planes van a naufragar si no logra levantar el nivel individual de la mayoría de los jugadores.

Diego Simeone llegó envuelto en una gran expectativa. Ya había estado tras el final de su carrera como jugador y el recuerdo era bueno. Este regreso a Racing lo encontraba con un recorrido interesante: campeón con Estudiantes y River y salvador del Catania en Italia. También tenía un último puesto con River y un paso frustrante por San Lorenzo, pero todo le pasó en muy poco tiempo.

Simeone es de Racing y el hecho de terminar su impresionante carrera de jugador en la Academia es una marca en el orillo que nadie jamás le sacará. Está insospechado de demagogia. Nunca negó su amor por los colores. Los dirigentes, con el entonces presidente Rodolfo Molina a la cabeza, apostaron por este perfil. Todo cerraba: técnico muy capaz con futuro posible de Selección, joven, estudioso, metódico, con una envidiable formación europea, con vasta experiencia en el fútbol internacional. Y de Racing, además.

En el Apertura 2011, Racing terminó segundo, a doce puntos del Boca Campeón de Falcioni. Ganó 7 partidos. Empató mucho (10) y perdió muy poco (2). Simeone fue perseguido por la prensa –la misma prensa que, a esta altura, todavía llama “antifútbol” a un dispositivo estratégico de un equipo contra otro superior– de una manera pocas veces vista. Esa prensa instaló que Racing jugaba “muy mal” y nunca nadie pudo sacar a la gente de ahí. Este asunto, que parece menor, no lo es. Las críticas intencionadas funcionan como la gota china que horada la piedra. Finalmente, hasta los más firmes terminan dudando. A tal punto, que el presidente Molina cometió un error capital. Cuando Teo Gutiérrez se hizo echar en la cancha de Boca y regresó tarde de la convocatoria a la Selección Colombia, el máximo dirigente académico respondió con un absurdo “Teo Gutiérrez es el mejor centrodelantero de la historia de Racing” (?). Simeone empezó a ver que aquella crítica feroz empezaba a mellar el ideario y los planes del presidente. En medio de este tembladeral ideológico, apareció una oferta impresionante del Atlético de Madrid, uno de los lugares en los que el Cholo supo ser feliz como jugador.

El presidente Molina lo abandonó y se dedicó a cuidar a Teo y a su imagen. Eran tiempos de elecciones y su rival era nada menos que Pablo Podestá, el vicepresidente y hombre visto desde afuera como “vice con poder”. Gastón Cogorno –candidato de Molina– ganó el acto y, tras varias cavilaciones, decidió seguir con Simeone. Cuando quiso recular, ya era tarde. El Cholo agradeció y se fue al Atlético de Madrid. Racing perdió la chance de seguir con un plan coherente. Y saltó a Coco Basile. Sin discutir la capacidad de Coco, la realidad es que el criterio de elección para elegirlo fue el peor: “La gente de Racing ama a Basile y no va a joder”. No es el mejor elemento para elegir a un entrenador. Está comprobado casi a diario, pero el tándem Cogorno – Molina cometió un error grave y muy repetido entre la dirigencia de nuestro fútbol.

La soledad de Gio Moreno fue una constante en la noche de Lanús. Zubeldía coincide con la mayoría de la prensa en que el colombiano no es enlace, sino media punta o delantero. Como fuere, no rinde de acuerdo a lo que se espera de él. Ante Lanús, volvió a irse en amagos.

La soledad de Gio Moreno fue una constante en la noche de Lanús. Zubeldía coincide con la mayoría de la prensa en que el colombiano no es enlace, sino media punta o delantero. Como fuere, no rinde de acuerdo a lo que se espera de él. Ante Lanús, volvió a irse en amagos.

Se fue Coco (en medio de un escándalo y con el vestuario fuera de control) y llegó Luis Zubeldía. El ex entrenador de Lanús tiene un perfil “simeonesco”. Es joven, tiene capacidad probada y fuerte personalidad a pesar de su corta edad. En realidad, para ser más claros, es el tipo de entrenador del que gustan Cogorno y Molina.

El plantel que encontró Zubeldía venía de ser goleado por Independiente y de recibir dos bajas pesadas: Teo Gutiérrez se fue del club, tras ser golpeado por dos compañeros y acusado de exhibir un arma. Claudio Yacob fue separado del plantel por intercambiar un pantaloncito con Cristian Pellerano, ex Racing y actual jugador de Independiente. Esta es la razón que dan en el club, pero la verdad es que la suerte de Yacob en Racing está echada hace rato.

Zubeldía decidió armar un planteo extraño para enfrentar a Lanús: puso cinco defensores nominales (Pillud, Aveldaño, Cáceres, Cahais, Licht), un volante central de contención (Pelletieri), un cinco de manejo (Toranzo) y tres hombres de ataque (Gío, Santander, Hauche). La idea inicial era que los laterales (Pillud derecha, Licht izquierda) fueran volantes cuando Racing tuviera la pelota y defensores cuando la tuviera Lanús. Pero todo salió mal. Porque Pillud y Licht estuvieron fácilmente retenidos junto a sus tres zagueros por la gente que Lanús designó para ir a los costados (Romero – Araujo derecha, Balbi – Ledesma y hasta Pavone izquierda). Entonces, el cuadro de Zubeldía fue encerrado contra los palos de Saja. Pelletieri quedó solo para la pelea del medio y perdió ante la imponencia y la superioridad numérica de la dupla Fritzler – Pizarro más el retroceso de alguno de los tres volantes cercanos a Pavone. Toranzo, pensado como salida limpia, jamás encontró a sus posibles receptores y debe haber batido un record de pases mal dados. Santander no estuvo y Hauche jugó lejos de todo: de sus volantes, del arco rival y de Gio, su potencial socio en el armado ofensivo del equip0. Gio Moreno tuvo una virtud: trató de cargarse el equipo al hombro. Y también tuvo un defecto: jamás lo logró.

Zubeldía leyó bien el juego, aunque ya con el resultado 0-2. Intentó paliar la soledad de Pelletieri poniendole a Bruno Zuculini como ladero y sacando a uno del fondo (Cahais). Liberó a Toranzo para que juegue más cerca de Gio y puso a Viola por Santander para que el pibe vaya por afuera y encare mano a mano a los defensores granates. Cuando Racing, con un enorme esfuerzo, estaba poniendo el juego cerca de Marchesín, Romero le copió el gol a Ramires –el primero del Chelsea al Barcelona– y se acabó todo.

Los hinchas insultaron a los jugadores y, ahora sí, la misma prensa que denostó a Simeone y se dio vuelta con Basile, puso la lupa en ellos. Este es el cuarto técnico que tiene este plantel y ya perdió feo de nuevo. Ese 1-3 que le metió Lanús pudo haber sido aún más catastrófico sólo con que Lanús acertara un par de ataques más.

Llegó la hora de mirar a los jugadores. Juegan mal, no responden a ningún entrenador, a ningún esquema táctico, a ninguna estrategia y, además, se pelean como chicos en la casa del rival acérrimo. Alguna vez hay que ver más allá de las narices y de los entrenadores. Alguna vez hay que posar la vista en los jugadores. Vamos a llevarnos varias sorpresas desagradables.

Es hora de terminar con internas y actuar como profesionales. Racing es demasiado grande como para seguir soportando cuestiones tan chiquitas.

Anuncios
David Trezeguet ya consumó su obra cumbre, el tercer gol de River. Los Funes Mori, Aguirre y Ponzio lo celebran. Llegó la hora de las definiciones. Almeyda deberá elegir entre Domínguez y Cavenaghi. Trezeguet se ganó un lugar y los tres juntos no suman.

David Trezeguet ya consumó su obra cumbre, el tercer gol de River. Los Funes Mori, Aguirre y Ponzio lo celebran. Llegó la hora de las definiciones. Almeyda deberá elegir entre Domínguez y Cavenaghi. Trezeguet se ganó un lugar y los tres juntos no suman.

 

Mientras River resolvía su partido con Ferro, pensaba en la historia de River y en decisiones drásticas de otros entrenadores. Labruna, por ejemplo, tuvo a Ramón Díaz en el banco. Eligió a Luque para ocupar lo que entonces era la plaza de “delantero central” o “centreforward”. Después, en los segundos tiempos, Angelito ponía al Pelado y ganaba el partido. Ramón tenía una velocidad y un poder de fuego impresionantes. Pero, al domingo siguiente, el titular volvía a ser Leopoldo Luque. También tuvo que elegir alguna vez entre el Beto Alonso y Juan Ramón Carrasco. Acá era más fácil. El Beto era intocable y estaba siempre primero, aún cuando Carrasco era un jugador fantástico.

Alfredo Di Stéfano, en 1981, tuvo que cortar grueso en este sentido. El presidente Aragón Cabrera propuso una total renovación del plantel, empezando por el DT (Labruna) y sus máximos referentes. Alfredo eligió a Bulleri por encima de Jota Jota López, a Gallego por Merlo, en determinado momento al Nene Commisso por el Beto Alonso y, ahora con carácter defnitivo, a Ramón Díaz por Luque.

El Bambino Veira también tuvo que tomar decisiones difíciles. Cuando se armó el gran equipo de 1985/86, se encontró con que River funcionaba muy bien con Amuchástegui, Francescoli, Morresi y Roque Alfaro. Afuera, quedaba nada menos que Alonso. Y Veira apostó por una formación que no incluía a Alonso. Ahora parece fácil, como todo resulta a resultado puesto y, sobre todo, con la perspectiva y la nostalgia que dan los años. Pero en aquel contexto, tener sentado en el banco a Alonso no debía ser lo más fácil. Al Bambino le salió bien, porque Morresi se cansó de hacer goles y Enzo sacó patente de ídolo para siempre.

Cuando River vendió a Francescoli al Matra Racing de París y a la Araña Amuchástegui a México, los reemplazó con Antonio Alzamendi y Juan Gilberto Funes. Y, de nuevo, el Bambino tuvo que optar. En el inicio, le respetó el puesto a Morresi, pero las características de Alzamendi y Funes no lo favorecían. Entonces, Veira tuvo que cambiar también el sistema. Le hizo un lugar a Alonso entre los once, relegó a Morresi al banco de suplentes y armó un cuadro más compacto, más contraatacante y menos lujoso. Fue una gran movida. Y otra vez volvemos al contexto aquel. Decirlo ahora, que sabemos que con ese sistema ganó las Copas Libertadores e Intercontinental, es sencillo. Pero en aquel tiempo, ofrecerle al hincha de River un equipo cuyo fuerte fuera su disciplina y fortaleza para recuperar la pelota y el contraataque veloz por la increíble precisión del Beto, la velocidad de Alzamendi, la inteligencia de Alfaro y la tremenda potencia de Funes, era un sacrilegio. Como el equipo ganaba, los hinchas miraban para otro lado. Pero lo que queda claro es que el Bambino tomó decisiones importantes, hizo los cambios que favorecieron a las características de jugadores clave y, sobre todo, al conjunto.

Matías Almeyda a pleno. Llegó el momento de decisiones difíciles, pero indispensables para el entrenador.

Matías Almeyda a pleno. Llegó el momento de decisiones difíciles, pero indispensables para el entrenador.

Ahora le toca a Matías Almeyda. La realidad superó a la fantasía. Con Domínguez, Cavenaghi y Trezeguet, River derrotó a Merlo 3-0 y empató con Gimnasia 0-0. También empataba con Ferro sin goles en 32 minutos del segundo tiempo. A los 28 de esa etapa, Almeyda había sacado al Chori y a Cave y los reemplazó con Aguirre y Rogelio Funes Mori. A los 32, Ramiro Funes Mori –con la colaboración del zaguero Schunke– puso el 1-0. Uno podrá decir que “el gol vino por un centro que no pudo rechazar Ferro” y tendrá razón. Pero hay que ir aún más atrás. El tiro libre vino por un foul que le cometieron a Ocampos, en el primer desborde serio que realizó y después de un segundo tiempo en el que River hartó a todos jugando siempre por el centro. El hecho de que Ocampos abandonara la idea de ir por el medio (seguramente desesperado porque la pelota no le llegaba) está directamente vinculado con que, a esa altura, Almeyda haya cambiado el sistema. La entrada de Aguirre sumó en la idea básica de encerrar a Ferro. El ingreso de Rogelio Funes Mori redundó en un gran desahogo para Trezeguet. El ex Mónaco jugó 73 minutos entre dos y tres rivales. En cuanto ingresó el mellizo delantero, Trezeguet empezó a tirarse a los costados, a salir un poco de ese encierro al que lo somete –y está dicho desde siempre– el sistema con tres delanteros. Acá había dos, más Keko Villalva bien abierto a la derecha, más Ocampos bien de volante/delantero izquierdo más Sánchez detrás de Keko o colaborando con Keko para hacer superioridad numérica sobre el lateral izquierdo de Ferro. Con los cambios, River pasó de ser un equipo estático, maniqueo a conformar un ataque dinámico, desconcertante para el rival. El 3-0 final no debe llamar a engaño: River jugó de mal a muy mal 73 de los 90 minutos. Pero el DT se animó a tocar a los intocables. Y eso dio como resultado –al margen de la victoria– un poco de oxígeno para todos los jugadores millonarios que atacaban desesperados por lograr una victoria indispensable.

El Chori Domínguez perseguido por Sebastián Navarro. El ex Rubin Kazan y Valencia hizo un aceptable primer tiempo, el mejor de los que jugó en esta posición. En el segundo intentó, pero nunca encontró socios y terminó centralizando el juego y fallando en pases sencillos.

El Chori Domínguez perseguido por Sebastián Navarro. El ex Rubin Kazan y Valencia hizo un aceptable primer tiempo, el mejor de los que jugó en esta posición. En el segundo intentó, pero nunca encontró socios y terminó centralizando el juego y fallando en pases sencillos.

Llegó el momento de optar entre Chori Domínguez y Cavenaghi, de acuerdo a lo visto y actuado en los tres partidos que lleva River con el nuevo sistema. Almeyda deberá pensarlo bien. Tiene opciones de cambio de jugadores y de sistema. Aguirre, por ejemplo, parece estar mejor que Cirigliano en este momento del torneo y a juzgar por las decisiones del técnico. Además, cuenta con el apoyo popular, algo que a estas alturas es muy importante. Si bien el Pelado y Amato creen íntimamente que Aguirre es más desordenado que Cirigliano y que a veces va al ataque con más voluntarismo que criterio, la verdad es que en el partido con Ferro fue aire fresco para todos. Sirvió de descarga y le dio paz a Ponzio, que jugó su partido más flojo desde el regreso. No es casual que los mejores partidos del ex Zaragoza hayan sido con otro cinco. Cuando Ponzio se siente seguro, con la espalda cubierta, rinde a pleno y toma las mejores decisiones. Y con este esquema no le sucedió. Todo lo contrario. Se convirtió en presa fácil de la presión rival y en ataque no aportó más que  remates lejanos que terminaron afuera.

La falta de otro cinco, además –y como quedó dicho acá la semana anterior– descoloca a Carlos Sánchez y a Lucas Ocampos. Los conmina a meterse hacia adentro, a tratar de remar junto a Ponzio contra nutridos mediocampos rivales. Y ambos –Sánchez y Ocampos– tienen serios compromisos con la ofensiva del equipo que no llegan a cumplir. Este sistema provocó que River pierda la pelota con llamativa facilidad y que deban retroceder más de lo que avanzan.

En los últimos 13 minutos del partido con Ferro, quedaron definidas muchas cosas. Primero, el resultado. River necesitaba ganar más que nada en el mundo. Segundo, el sistema más conveniente. Los rivales le llena el campo de volantes y River afronta los partido con un solo mediocampista de recuperación. Tercero, la realidad, que le dio un sonoro cachetazo a la teoría. Los tres juntos –Domínguez, Cavenaghi y Trezeguet– no sólo no sumaron, sino que le quitaron al equipo fluidez en el traslado de la pelota y seguridad en el medio de la cancha.

Cuarto, Almeyda tiene todo servido para una decisión fuerte. River la necesita ya.