David Trezeguet ya consumó su obra cumbre, el tercer gol de River. Los Funes Mori, Aguirre y Ponzio lo celebran. Llegó la hora de las definiciones. Almeyda deberá elegir entre Domínguez y Cavenaghi. Trezeguet se ganó un lugar y los tres juntos no suman.

David Trezeguet ya consumó su obra cumbre, el tercer gol de River. Los Funes Mori, Aguirre y Ponzio lo celebran. Llegó la hora de las definiciones. Almeyda deberá elegir entre Domínguez y Cavenaghi. Trezeguet se ganó un lugar y los tres juntos no suman.

 

Mientras River resolvía su partido con Ferro, pensaba en la historia de River y en decisiones drásticas de otros entrenadores. Labruna, por ejemplo, tuvo a Ramón Díaz en el banco. Eligió a Luque para ocupar lo que entonces era la plaza de “delantero central” o “centreforward”. Después, en los segundos tiempos, Angelito ponía al Pelado y ganaba el partido. Ramón tenía una velocidad y un poder de fuego impresionantes. Pero, al domingo siguiente, el titular volvía a ser Leopoldo Luque. También tuvo que elegir alguna vez entre el Beto Alonso y Juan Ramón Carrasco. Acá era más fácil. El Beto era intocable y estaba siempre primero, aún cuando Carrasco era un jugador fantástico.

Alfredo Di Stéfano, en 1981, tuvo que cortar grueso en este sentido. El presidente Aragón Cabrera propuso una total renovación del plantel, empezando por el DT (Labruna) y sus máximos referentes. Alfredo eligió a Bulleri por encima de Jota Jota López, a Gallego por Merlo, en determinado momento al Nene Commisso por el Beto Alonso y, ahora con carácter defnitivo, a Ramón Díaz por Luque.

El Bambino Veira también tuvo que tomar decisiones difíciles. Cuando se armó el gran equipo de 1985/86, se encontró con que River funcionaba muy bien con Amuchástegui, Francescoli, Morresi y Roque Alfaro. Afuera, quedaba nada menos que Alonso. Y Veira apostó por una formación que no incluía a Alonso. Ahora parece fácil, como todo resulta a resultado puesto y, sobre todo, con la perspectiva y la nostalgia que dan los años. Pero en aquel contexto, tener sentado en el banco a Alonso no debía ser lo más fácil. Al Bambino le salió bien, porque Morresi se cansó de hacer goles y Enzo sacó patente de ídolo para siempre.

Cuando River vendió a Francescoli al Matra Racing de París y a la Araña Amuchástegui a México, los reemplazó con Antonio Alzamendi y Juan Gilberto Funes. Y, de nuevo, el Bambino tuvo que optar. En el inicio, le respetó el puesto a Morresi, pero las características de Alzamendi y Funes no lo favorecían. Entonces, Veira tuvo que cambiar también el sistema. Le hizo un lugar a Alonso entre los once, relegó a Morresi al banco de suplentes y armó un cuadro más compacto, más contraatacante y menos lujoso. Fue una gran movida. Y otra vez volvemos al contexto aquel. Decirlo ahora, que sabemos que con ese sistema ganó las Copas Libertadores e Intercontinental, es sencillo. Pero en aquel tiempo, ofrecerle al hincha de River un equipo cuyo fuerte fuera su disciplina y fortaleza para recuperar la pelota y el contraataque veloz por la increíble precisión del Beto, la velocidad de Alzamendi, la inteligencia de Alfaro y la tremenda potencia de Funes, era un sacrilegio. Como el equipo ganaba, los hinchas miraban para otro lado. Pero lo que queda claro es que el Bambino tomó decisiones importantes, hizo los cambios que favorecieron a las características de jugadores clave y, sobre todo, al conjunto.

Matías Almeyda a pleno. Llegó el momento de decisiones difíciles, pero indispensables para el entrenador.

Matías Almeyda a pleno. Llegó el momento de decisiones difíciles, pero indispensables para el entrenador.

Ahora le toca a Matías Almeyda. La realidad superó a la fantasía. Con Domínguez, Cavenaghi y Trezeguet, River derrotó a Merlo 3-0 y empató con Gimnasia 0-0. También empataba con Ferro sin goles en 32 minutos del segundo tiempo. A los 28 de esa etapa, Almeyda había sacado al Chori y a Cave y los reemplazó con Aguirre y Rogelio Funes Mori. A los 32, Ramiro Funes Mori –con la colaboración del zaguero Schunke– puso el 1-0. Uno podrá decir que “el gol vino por un centro que no pudo rechazar Ferro” y tendrá razón. Pero hay que ir aún más atrás. El tiro libre vino por un foul que le cometieron a Ocampos, en el primer desborde serio que realizó y después de un segundo tiempo en el que River hartó a todos jugando siempre por el centro. El hecho de que Ocampos abandonara la idea de ir por el medio (seguramente desesperado porque la pelota no le llegaba) está directamente vinculado con que, a esa altura, Almeyda haya cambiado el sistema. La entrada de Aguirre sumó en la idea básica de encerrar a Ferro. El ingreso de Rogelio Funes Mori redundó en un gran desahogo para Trezeguet. El ex Mónaco jugó 73 minutos entre dos y tres rivales. En cuanto ingresó el mellizo delantero, Trezeguet empezó a tirarse a los costados, a salir un poco de ese encierro al que lo somete –y está dicho desde siempre– el sistema con tres delanteros. Acá había dos, más Keko Villalva bien abierto a la derecha, más Ocampos bien de volante/delantero izquierdo más Sánchez detrás de Keko o colaborando con Keko para hacer superioridad numérica sobre el lateral izquierdo de Ferro. Con los cambios, River pasó de ser un equipo estático, maniqueo a conformar un ataque dinámico, desconcertante para el rival. El 3-0 final no debe llamar a engaño: River jugó de mal a muy mal 73 de los 90 minutos. Pero el DT se animó a tocar a los intocables. Y eso dio como resultado –al margen de la victoria– un poco de oxígeno para todos los jugadores millonarios que atacaban desesperados por lograr una victoria indispensable.

El Chori Domínguez perseguido por Sebastián Navarro. El ex Rubin Kazan y Valencia hizo un aceptable primer tiempo, el mejor de los que jugó en esta posición. En el segundo intentó, pero nunca encontró socios y terminó centralizando el juego y fallando en pases sencillos.

El Chori Domínguez perseguido por Sebastián Navarro. El ex Rubin Kazan y Valencia hizo un aceptable primer tiempo, el mejor de los que jugó en esta posición. En el segundo intentó, pero nunca encontró socios y terminó centralizando el juego y fallando en pases sencillos.

Llegó el momento de optar entre Chori Domínguez y Cavenaghi, de acuerdo a lo visto y actuado en los tres partidos que lleva River con el nuevo sistema. Almeyda deberá pensarlo bien. Tiene opciones de cambio de jugadores y de sistema. Aguirre, por ejemplo, parece estar mejor que Cirigliano en este momento del torneo y a juzgar por las decisiones del técnico. Además, cuenta con el apoyo popular, algo que a estas alturas es muy importante. Si bien el Pelado y Amato creen íntimamente que Aguirre es más desordenado que Cirigliano y que a veces va al ataque con más voluntarismo que criterio, la verdad es que en el partido con Ferro fue aire fresco para todos. Sirvió de descarga y le dio paz a Ponzio, que jugó su partido más flojo desde el regreso. No es casual que los mejores partidos del ex Zaragoza hayan sido con otro cinco. Cuando Ponzio se siente seguro, con la espalda cubierta, rinde a pleno y toma las mejores decisiones. Y con este esquema no le sucedió. Todo lo contrario. Se convirtió en presa fácil de la presión rival y en ataque no aportó más que  remates lejanos que terminaron afuera.

La falta de otro cinco, además –y como quedó dicho acá la semana anterior– descoloca a Carlos Sánchez y a Lucas Ocampos. Los conmina a meterse hacia adentro, a tratar de remar junto a Ponzio contra nutridos mediocampos rivales. Y ambos –Sánchez y Ocampos– tienen serios compromisos con la ofensiva del equipo que no llegan a cumplir. Este sistema provocó que River pierda la pelota con llamativa facilidad y que deban retroceder más de lo que avanzan.

En los últimos 13 minutos del partido con Ferro, quedaron definidas muchas cosas. Primero, el resultado. River necesitaba ganar más que nada en el mundo. Segundo, el sistema más conveniente. Los rivales le llena el campo de volantes y River afronta los partido con un solo mediocampista de recuperación. Tercero, la realidad, que le dio un sonoro cachetazo a la teoría. Los tres juntos –Domínguez, Cavenaghi y Trezeguet– no sólo no sumaron, sino que le quitaron al equipo fluidez en el traslado de la pelota y seguridad en el medio de la cancha.

Cuarto, Almeyda tiene todo servido para una decisión fuerte. River la necesita ya.

 

 

 

 

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