Mariano Pavone recostado a la izquierda y enfrentando a Iván Pillud como si fuera un viejo wing. Lanús le ganó a Racing con una claridad mayor a la que indica el 3-1 final.

Mariano Pavone recostado a la izquierda y enfrentando a Iván Pillud como si fuera un viejo wing. Lanús le ganó a Racing con una claridad mayor a la que indica el 3-1 final.

Lo primero que uno ve en Racing es una gran confusión ideológica.  Justo en el día en el que Pep Guardiola anunció que se iba del Barcelona y los directivos catalanes designaron a su ayudante Tito Vilanoba como su sucesor, en una muestra de coherencia brutal, Racing aún no sabe cuál es el camino a seguir.

Basta con repasar los últimos entrenadores que tuvo el cuadro de Avellaneda. Miguel Angel Russo encabezó la nómina de DTs racinguistas que se pusieron a trabajar con “uno de los planteles más ricos del fútbol argentino”. El encomillado no hace cargo a nadie más que a mí. Me tocó comentar un partido de Racing y San Lorenzo el 26 de febrero de 2011. El DT era Russo. Esa tarde, en el Nuevo Gasómetro, Racing se presentó con una formación rara, pero bien pensada. Marcos Cáceres fue lateral derecho y Pillud volante de ese lado. Russo liberó de compromisos defensivos a Pillud para que jugara a espaldas de Palomino, zaguero central puesto de lateral por Ramón Díaz, entonces entrenador del Ciclón. La jugada salió perfecta. Racing ganó 2-1 con dos goles de Teo Gutiérrez y con Claudio Yacob como figura excluyente. Gío Moreno no estaba, se había roto los ligamentos en la fecha inicial frente a All Boys. Fue tal el grado de entusiasmo que todos creyeron ver en Pillud al sucesor de Pupi Zanetti en la Selección Nacional. Y más: Racing ganó sus dos compromisos posteriores (Olimpo 4-3 y Colón 4-0 en Santa fe) y generó una locura entre sus hinchas. Pero tras la enorme victoria sobre Colón, llegaron tres derrotas sucesivas y todo acabó. En ese Clausura 2011, Racing perdió 10 partidos de 19 y la Comisión Directiva no renovó el contrato de Russo.

Luis Zubeldía tiene mucho trabajo por hacer en Racing. Sus planes van a naufragar si no logra levantar el nivel individual de la mayoría de los jugadores.

Luis Zubeldía tiene mucho trabajo por hacer en Racing. Sus planes van a naufragar si no logra levantar el nivel individual de la mayoría de los jugadores.

Diego Simeone llegó envuelto en una gran expectativa. Ya había estado tras el final de su carrera como jugador y el recuerdo era bueno. Este regreso a Racing lo encontraba con un recorrido interesante: campeón con Estudiantes y River y salvador del Catania en Italia. También tenía un último puesto con River y un paso frustrante por San Lorenzo, pero todo le pasó en muy poco tiempo.

Simeone es de Racing y el hecho de terminar su impresionante carrera de jugador en la Academia es una marca en el orillo que nadie jamás le sacará. Está insospechado de demagogia. Nunca negó su amor por los colores. Los dirigentes, con el entonces presidente Rodolfo Molina a la cabeza, apostaron por este perfil. Todo cerraba: técnico muy capaz con futuro posible de Selección, joven, estudioso, metódico, con una envidiable formación europea, con vasta experiencia en el fútbol internacional. Y de Racing, además.

En el Apertura 2011, Racing terminó segundo, a doce puntos del Boca Campeón de Falcioni. Ganó 7 partidos. Empató mucho (10) y perdió muy poco (2). Simeone fue perseguido por la prensa –la misma prensa que, a esta altura, todavía llama “antifútbol” a un dispositivo estratégico de un equipo contra otro superior– de una manera pocas veces vista. Esa prensa instaló que Racing jugaba “muy mal” y nunca nadie pudo sacar a la gente de ahí. Este asunto, que parece menor, no lo es. Las críticas intencionadas funcionan como la gota china que horada la piedra. Finalmente, hasta los más firmes terminan dudando. A tal punto, que el presidente Molina cometió un error capital. Cuando Teo Gutiérrez se hizo echar en la cancha de Boca y regresó tarde de la convocatoria a la Selección Colombia, el máximo dirigente académico respondió con un absurdo “Teo Gutiérrez es el mejor centrodelantero de la historia de Racing” (?). Simeone empezó a ver que aquella crítica feroz empezaba a mellar el ideario y los planes del presidente. En medio de este tembladeral ideológico, apareció una oferta impresionante del Atlético de Madrid, uno de los lugares en los que el Cholo supo ser feliz como jugador.

El presidente Molina lo abandonó y se dedicó a cuidar a Teo y a su imagen. Eran tiempos de elecciones y su rival era nada menos que Pablo Podestá, el vicepresidente y hombre visto desde afuera como “vice con poder”. Gastón Cogorno –candidato de Molina– ganó el acto y, tras varias cavilaciones, decidió seguir con Simeone. Cuando quiso recular, ya era tarde. El Cholo agradeció y se fue al Atlético de Madrid. Racing perdió la chance de seguir con un plan coherente. Y saltó a Coco Basile. Sin discutir la capacidad de Coco, la realidad es que el criterio de elección para elegirlo fue el peor: “La gente de Racing ama a Basile y no va a joder”. No es el mejor elemento para elegir a un entrenador. Está comprobado casi a diario, pero el tándem Cogorno – Molina cometió un error grave y muy repetido entre la dirigencia de nuestro fútbol.

La soledad de Gio Moreno fue una constante en la noche de Lanús. Zubeldía coincide con la mayoría de la prensa en que el colombiano no es enlace, sino media punta o delantero. Como fuere, no rinde de acuerdo a lo que se espera de él. Ante Lanús, volvió a irse en amagos.

La soledad de Gio Moreno fue una constante en la noche de Lanús. Zubeldía coincide con la mayoría de la prensa en que el colombiano no es enlace, sino media punta o delantero. Como fuere, no rinde de acuerdo a lo que se espera de él. Ante Lanús, volvió a irse en amagos.

Se fue Coco (en medio de un escándalo y con el vestuario fuera de control) y llegó Luis Zubeldía. El ex entrenador de Lanús tiene un perfil “simeonesco”. Es joven, tiene capacidad probada y fuerte personalidad a pesar de su corta edad. En realidad, para ser más claros, es el tipo de entrenador del que gustan Cogorno y Molina.

El plantel que encontró Zubeldía venía de ser goleado por Independiente y de recibir dos bajas pesadas: Teo Gutiérrez se fue del club, tras ser golpeado por dos compañeros y acusado de exhibir un arma. Claudio Yacob fue separado del plantel por intercambiar un pantaloncito con Cristian Pellerano, ex Racing y actual jugador de Independiente. Esta es la razón que dan en el club, pero la verdad es que la suerte de Yacob en Racing está echada hace rato.

Zubeldía decidió armar un planteo extraño para enfrentar a Lanús: puso cinco defensores nominales (Pillud, Aveldaño, Cáceres, Cahais, Licht), un volante central de contención (Pelletieri), un cinco de manejo (Toranzo) y tres hombres de ataque (Gío, Santander, Hauche). La idea inicial era que los laterales (Pillud derecha, Licht izquierda) fueran volantes cuando Racing tuviera la pelota y defensores cuando la tuviera Lanús. Pero todo salió mal. Porque Pillud y Licht estuvieron fácilmente retenidos junto a sus tres zagueros por la gente que Lanús designó para ir a los costados (Romero – Araujo derecha, Balbi – Ledesma y hasta Pavone izquierda). Entonces, el cuadro de Zubeldía fue encerrado contra los palos de Saja. Pelletieri quedó solo para la pelea del medio y perdió ante la imponencia y la superioridad numérica de la dupla Fritzler – Pizarro más el retroceso de alguno de los tres volantes cercanos a Pavone. Toranzo, pensado como salida limpia, jamás encontró a sus posibles receptores y debe haber batido un record de pases mal dados. Santander no estuvo y Hauche jugó lejos de todo: de sus volantes, del arco rival y de Gio, su potencial socio en el armado ofensivo del equip0. Gio Moreno tuvo una virtud: trató de cargarse el equipo al hombro. Y también tuvo un defecto: jamás lo logró.

Zubeldía leyó bien el juego, aunque ya con el resultado 0-2. Intentó paliar la soledad de Pelletieri poniendole a Bruno Zuculini como ladero y sacando a uno del fondo (Cahais). Liberó a Toranzo para que juegue más cerca de Gio y puso a Viola por Santander para que el pibe vaya por afuera y encare mano a mano a los defensores granates. Cuando Racing, con un enorme esfuerzo, estaba poniendo el juego cerca de Marchesín, Romero le copió el gol a Ramires –el primero del Chelsea al Barcelona– y se acabó todo.

Los hinchas insultaron a los jugadores y, ahora sí, la misma prensa que denostó a Simeone y se dio vuelta con Basile, puso la lupa en ellos. Este es el cuarto técnico que tiene este plantel y ya perdió feo de nuevo. Ese 1-3 que le metió Lanús pudo haber sido aún más catastrófico sólo con que Lanús acertara un par de ataques más.

Llegó la hora de mirar a los jugadores. Juegan mal, no responden a ningún entrenador, a ningún esquema táctico, a ninguna estrategia y, además, se pelean como chicos en la casa del rival acérrimo. Alguna vez hay que ver más allá de las narices y de los entrenadores. Alguna vez hay que posar la vista en los jugadores. Vamos a llevarnos varias sorpresas desagradables.

Es hora de terminar con internas y actuar como profesionales. Racing es demasiado grande como para seguir soportando cuestiones tan chiquitas.

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