Cuatro ojos fijos en la pelota. Dos son de Franco Jara, el jugador más resistido por los hinchas de San Lorenzo. El otro par es de Lisandro López, zaguero de Arsenal que juega con la solvencia de un experto. San Lorenzo y Arsenal entregaron un 0 a 0 lógico.

Todo lo que toca o tiene que ver con Marcelo Tinelli toma unos niveles mediáticos que agigantan hechos y personas que superan a la realidad. PAsa todo el tiempo en su programa de televisión. Nos creemos que en una pelea entre Moria Casán y Graciela Alfano se va a definir el destino de la Nación.

Y muchos creyeron, que la andanada de jugadores que se sumaron a San Lorenzo en el puñado de días previos al comienzo del torneo Inicial lo ponían al cuadro azulgrana en situación de pelear arriba. Es más, cuando el poder de seducción de Marcelo logró que Ignacio Piatti firmara con el Ciclón en medio de la disputa con Independiente, Racing y River, todos pensaron que sí, que para San Lorenzo ya no habría penas ni olvido.

La realidad es que el único que tiene dimensiones enormes de influencia y responsabilidad  es Tinelli. Matías Lammens es un joven empresario afín (y con un parecido físico asombroso) a Marcelo que tiene buenas ideas y ojalá pueda inocularlas en el viejo, querido y desvencijado fútbol argentino. Pero si este proyecto fracasa, se lo van a cargar a la cuenta de Tinelli. Por eso, la ropa en juego es la de Marcelo.

Matías Lammens y Marcelo Tinelli. Cuando Marcelo se acercó al club y tomó responsabilidad ejecutiva, todos creyeron que San Lorenzo ya estaba a cubierto de todo. El fútbol es un poco más complejo que eso. Va a llevarle mucho tiempo.

Comencemos por el principio. Tinelli no hubiese elegido a Ricardo Caruso Lombardi como entrenador. No es su estilo, no es el perfil que quiere para la titánica empresa de devolverle a San Lorenzo el prestigio ganado durante décadas y que los dirigentes noventistas tiraron por la borda en los 90 y buena parte de los 2000’s.  A Marcelo le gustan los entrenadores de perfil bajo. Su ideal sería el  ingeniero Manuel Pellegrini. Tiene otras variantes: Marcelo Gallardo, Santiago Solari… Ahora se habla de Fossatti, Pizzi, Cabrero, Arruabarrena. Tinelli alguna vez eligió al Cholo Simeone para DT de San Lorenzo. Caruso no lo convence ni siquiera desde su modo de vestirse.

Pero Tinelli hizo algo que pocos dirigentes del fútbol argentino hacen: respetó el convenio del técnico y, más aún, se hizo cargo de que el club está en situación económico – financiera precaria y que no puede darse el lujo de pagarle a tres o cuatro técnicos al mismo tiempo. Algunos ven mal que Tinelli sostenga a Caruso sólo “porque no le puede pagar”. Y no está mal. Está bien. Lo primero es el club, es la estabilidad institucional. San Lorenzo es un club que fue devastado, al que pésimos dirigentes (en el mejor de los casos) apenas dejaron las migas de lo que fue. Otro error común es mezclar las cosas. Nada tiene que ver el gusto personal. Ya quedó claro acá que ni Tinelli ni Lammens son “carusistas”. Pero el club está primero. Es fantástico que así sea.

Ricardo Caruso Lombardi se tomó la cabeza toda la tarde. Su equipo confunde apuro con velocidad, desorden con dinámica, avance con ataque. Y él no ayudó con los cambios. Equivocó el camino y el 0 a 0 es la prueba elocuente, más allá de un par de merodeos al arco de Arsenal.

En un momento dado del empate en cero con Arsenal, nos miramos y nos dijimos: “Hoy está jugando peor que con Racing”. El espectuacular resultado en contra de Avellaneda puede llamar a engaño, pero aquel San Lorenzo de Piatti, que perdía 0-1 por una irresponsabilidad de Prósperi, que después perdió a Piatti por su lesión número mil, que después quedó 0-2 por una desgracia de Gentiletti, que después quedó 0-3 por una cabriola de Masuero que dejó solo a Cámpora, que después quedó 0-4 por un gol en contra del mismo Masuero, que después quedó con 10 porque Gentiletti se hizo echar, que después quedó con 9 porque Masuero se hizo echar, jugó mejor que el de ayer con Arsenal. Sería muy fácil analizar resultados únicamente. En ese caso, sería mejor lo de Arsenal porque San Lorenzo no perdió. Pero fue muy malo. Sorpresivamente, Caruso dijo que hizo “todo bien”, pero no. La verdad es que San Lorenzo hizo casi todo mal.

Lo primero que hizo (y habitualmente hace) mal es darle todo el tiempo la pelota a Buffarini. El volante derecho es un jugador con recorrido, velocidad, recuperación y mucha pero mucha voluntad. Pero no tiene pausa. San Lorenzo está tan desesperado que se la tira a su jugador más veloz, al que se supone que la va a poner más rápido en el sector en el que se definen las jugadas. Y, en realidad, tarda más. En fútbol, la velocidad física no siempre es directamente proporcional a la mental o está vinculada con la dinámica. Contra Arsenal, Caruso puso a Alan Ruiz –un chico discontinuo pero de buen manejo– para que hiciera la pausa y buscara a los dos de arriba, al rápido Jara y al grandote Stracqualursi. Pero la pelota la tenía Buffarini, allá lejos. El DT de Arsenal, Gustavo Alfaro, sabía esto. Por eso, el plan inicial del cuadro de Sarandí era obstruir con uno, dos o tres si fuera necesario al número 7 del Ciclón. A la idea de Caruso de que Buffarini trabajara mano a mano con Damián Pérez, Alfaro le opuso a Pérez, al retroceso de Aguirre y al corrimiento ocasional de Marcone. Entonces, todo era pérdida para San Lorenzo. La búsqueda frenética de Buffarini, la lucha del cordobés contra tres rivales y la chance –a veces muy remota– de que la pelota llegara al área de Campestrini.

La lucha de Julio Buffarini. En este caso, con Iván Marcone yendo a sus pies. El volante derecho de San Lorenzo es vital para el equipo, pero no debe conducir su juego. Cuando funciona como alternativa de ataque o vuelve para ayudar en la recuperación, es decisivo. En esta confusión de roles, salen perdiendo todos.

Otro de los problemas serios que tiene San Lorenzo es en ataque. Franco Jara debutó en la fecha inicial de este torneo y entusiasmó a todos. “El fútbol argentino recuperó a un delantero de nivel internacional”, dijeron todos. Pero no repitió y hoy, sobre todo en la cancha de San Lorenzo, juega contra el rival de turno y contra sus propios hinchas, que lo resisten en la misma proporción con la que mandaron mensajes esperanzadores después de aquel ya lejano partido contra San Martín de San Juan.

Y mientras Jara pelea contra propios y extraños, la posibilidad de convertir goles queda ceñida a lo que pueda hacer Denis Stracqualursi. Y ahí lo que pueda generar se transforma en un embudo de paso difícil. Con Jara enredado y Stracqualursi limitado, el cero es muy difícil de modificar. La única clara – clara de San Lorenzo para cambiar la historia, la única jugada limpia, fue un desprendimiento de Kalinski. El ex jugador de Quilmes llegó mano a mano con Campestrini, le dio cruzado, pero mordido y se fue apenas. Ese fue un camino alternativo y casi termina en gol. Pero fue la excepción. La regla fue insistir tozudamente con Buffarini por afuera, el azaroso centro a Stracqualursi y que el grandote se arreglara en las alturas con López y Braghieri.

Caruso no ayudó mucho con los cambios. Arsenal tenía cuatro volantes y a Lugüercio trabajando más cerca del medio que del arco rival. San Lorenzo tenía a su línea de 4 intacta. Cuando entró Mirabaje, todos pensamos en la salida de Kannemann. Error: sacó a Ruiz. El momento pedía tranquilidad y razonamiento desde afuera. Caruso no tuvo la capacidad de mover al equipo en otra dirección. Mirabaje muestra buenas condiciones, pero falló su temperamento en dos jugadas importantes a pocos metros del arco de Arsenal. La tuvo para definir y prefirió tirar dos centros. Eso se llama “me pesa la responsabilidad”. No entro en la discusión de “ofensivo” y “defensivo”. Pero Caruso sabía que, aún con un empate miserable, se sostenía en su cargo. Y que con la excusa del clamoroso penal de Braghieri a Stracqualursi que Lunati (de mal arbitraje) no dio más la no expulsión de Lisandro López por dos jugadas claras de amarilla, iba a tener la coartada perfecta para explicar lo que el equipo no explica en 90 minutos.

Clarísimo foul de Braghieri a Stracqualursi que debió ser sancionado como penal. Sorprendió el error de Lunati. Estaba bien ubicado. Iban 21 minutos del primer tiempo y todo estaba por suceder.

Hubo un momento en el partido en el que la gente cantó contra Caruso y la foto en la cancha era la de seis futbolistas del Ciclón parados en su propio campo, con el partido 0-0 y faltando diez minutos. Caruso no les dijo a sus jugadores que hicieran eso, pero los cambios sin matices pusieron al conjunto en esa situación.

Mientras la confusión siga, mientras San Lorenzo se apure y choque, mientras el DT piense en salvar su pellejo más que en el equipo y mientras la única opción para convertir un gol sea un centro y acierto en la cabeza de Stracqualursi, todo seguirá así, en cero.